BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Conozco la locura
y conozco el delirio,
conozco la soledad.
Mas, todavía no he visto
las estancias clausuradas
por el sopor estival, o las
amapolas negras creciendo
libres por el resplandor de
las habitaciones singulares.
Desconozco el abismo que se
crea, entre rotos utensilios
de mármol, por rojizas praderas
de almendros en flor, y esa túnica
deslumbrante que causa el estupor
de los silenciosos armarios empotrados.
Conozco la locura, el delirio, la manantial
fortaleza que surge de un grito dado
en la más terrible oscuridad; pero,
soledad de soledades, mi cuerpo aún
es una manta donde se extravían las estrellas,
y busca el perro su guarida, y el zorro su madriguera.
©
y conozco el delirio,
conozco la soledad.
Mas, todavía no he visto
las estancias clausuradas
por el sopor estival, o las
amapolas negras creciendo
libres por el resplandor de
las habitaciones singulares.
Desconozco el abismo que se
crea, entre rotos utensilios
de mármol, por rojizas praderas
de almendros en flor, y esa túnica
deslumbrante que causa el estupor
de los silenciosos armarios empotrados.
Conozco la locura, el delirio, la manantial
fortaleza que surge de un grito dado
en la más terrible oscuridad; pero,
soledad de soledades, mi cuerpo aún
es una manta donde se extravían las estrellas,
y busca el perro su guarida, y el zorro su madriguera.
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