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Ella está aquí
envuelta en el vuelo profundo del sueño,
la lluvia cae infinitamente afuera,
en el ruido asqueroso
del que cae sentado en la taza de café
junto a la ventana, en el sillón,
sus ojos negros me miran.
Un día como cualquier otro
la recuerdo y su recuerdo aviva la llama
del olvido deseado.
El deseo surge inesperadamente
se revuelve con el azúcar,
en mi sangre, su sangre comienza a hervir,
recuerdo sus largas piernas
el sexo ávido que dormitaba en nuestra pasión incontrolable
y mis manos guardadoras de caricias
que se agitaban como mariposas
-por todos lados-.
Como olvidar las manzanas
las que me dejabas anhelantes en los labios,
el cieno de tu mirada que me atrapaba,
tus nobles pechos que furtivos me espiaban
y me contradecían y me amaban.
Llego la noche que crecía desde ayer,
la lluvia no cejaba en su tonto empeño
de empaparnos el alma y se quejaba.
Quizá debí ser como tú querías que fuera
como siempre lo habías soñado o anhelado
o qué sé yo, como lo que me contaste una tarde de verano
y ya olvidé.
Pero ya ves, soy terco y aquí estoy
a pesar de que la noche ha terminado
el rocío sigue cayendo en la hierba mojada
a pesar de que ya está mojada
las noches se siguen sucediendo
y ésta que está aquí ya casi acaba.
Es cierto, en la penumbra tu forma
sigue adelantándose a mis ojos y en mi mirada
vuelves a crecer, a pesar de que el día ha llegado,
y yo comienzo a sucumbir entre las ansias
de un amor olvidado...
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