Martín Renán
Poeta adicto al portal
De la palabra
dónde enjugar ajeno de culpas
me pierdo repleto de mí
y de memorias.
La mentira suele ser antídoto
por el que renuncio,
puñal atacándome a traición
—Corazón—
Idéntico atardecer,
me olvido mirarme en secreto;
y no he podido tragarme a ti
ni maldecir antes de tiempo
tu fe que huye como conversación de locos.
Y te llamé bestia suicida,
pobre vagabundo en harapos.
Moribundos obstáculos y los vándalos
se amontonan en mi corazón
y también yo
el mediocre que lo busca.
Agujeros en la botella y el dolor por dentro…
Me olvidé escribirte
¡Por qué!
Llevo patíbulos
y el campanario a tus costas.
Cuando te mueras de estar solo,
dejaré de ser ateo.
—Y me asfixiaré el alma—
Para llegar a tu divinidad que nunca existió.
dónde enjugar ajeno de culpas
me pierdo repleto de mí
y de memorias.
La mentira suele ser antídoto
por el que renuncio,
puñal atacándome a traición
—Corazón—
Idéntico atardecer,
me olvido mirarme en secreto;
y no he podido tragarme a ti
ni maldecir antes de tiempo
tu fe que huye como conversación de locos.
Y te llamé bestia suicida,
pobre vagabundo en harapos.
Moribundos obstáculos y los vándalos
se amontonan en mi corazón
y también yo
el mediocre que lo busca.
Agujeros en la botella y el dolor por dentro…
Me olvidé escribirte
¡Por qué!
Llevo patíbulos
y el campanario a tus costas.
Cuando te mueras de estar solo,
dejaré de ser ateo.
—Y me asfixiaré el alma—
Para llegar a tu divinidad que nunca existió.