De la utopía a la distopía

Alan Cuadrado

Poeta fiel al portal
El esófago de Barret es una patología relacionada muchas veces como consecuencia de padecer reflujo gastroesofágico por un periodo considerable, valla que no se puede comer ni una fritura, algún chocolate y mucho menos un sorbo de ron o tequila, los estragos en el estancamiento de las limitaciones me han hecho reflexionar que, los antojos y los excesos comparten una dialéctica natural, pues deseando en un régimen político la paz hacia devorar una hamburguesa doble, es una distopía delirante para un enfermo de esófago de Barret y mi utopía sólo podrá alcanzarse cuando la política y su aplicación en la sociedad hagan por demás, lo posible para prohibir los excesos, mismos que podrán ser medidos con el reflejo del cuerpo y ser sancionados con esta misma medida, pues todos los excesos son reflejados indiscutiblemente en el cuerpo, incluso leer el contenido cancerígeno de las utopías de los unos, que podrán ser anti utopías de los otros, así bien reconozco que no me son posibles las utopías como anhelo o cómo un ideal tendido sobre la cuerda que sostiene el homo sapiens cambiante que llevo dentro de sí, pues siempre habrá una hernia inguinal, un derrame cerebral, hepatitis en todas sus letras o cualquier patología esperando en el portón de mis respuestas, de mis teorías inspiradoras de una política optima que permita el libre flujo de la economía y el bienestar en la sociedad, una distopía crítica para todo aquel que se atreva a suponer más allá de la armonía entre la ética y la moral y que juegue al despertar del corazón ilustrando las pasiones del corazón relacionadas con el hombre y el desarrollo tecnológico, el apocalipsis quizás se convierta en el la novela antiquísima del nuevo siglo, el siglo del oscurantismo que pide a gritos un renacimiento reinventado porque ya ha olvidado las revoluciones, ya ha olvidado la sangre derramada y limpiada con trapos de colores bélicos, pues sobre los hombros las responsabilidades de cargar las durmientes piedras, lastimosas, ásperas, las responsabilidades, que se han cubierto enormemente con falacias y con un camuflaje ya no reprime la niñez y tampoco la oculta, hoy se aprende a ser un niño sofisticado, en el dadá de los museos o en el cine se han devorado las historias infantiles y se han convertido en adaptaciones de la problemática social para aceptarla, el periódico del morbo ilustra el banderazo político, la muerte del día y una mujer en paños menores con el mensaje subliminal “acéptalo”, en las redes sociales se comparte la ubicación, se comparte el bocado de la mañana, el pecado de la tarde y los sueños de la noche todos ellos resumidos en una contienda; ego contra mentira, pero ilustre de mi utopía con esófago de Barret quisiera compartir un vaso de agua simple para decir algo y nada, ¿qué es un vaso de agua simple hoy en día?, ¿de qué tengo sed el día de hoy?, al final no obstante la utopía, la distopía o la anti utopía deseo un vaso de agua simple por el sencillo detalle de desear, de disfrutar la amabilidad de los vasos que bien no son vacíos pero conservan la simpleza de percibir, de ver sin ojos mecánicos la alegoría en el sentido mismo, calcular, meditar, explorar, definir, indagar, suponer, inquirir, adivinar, sugerir, estar sencillamente ser.
 

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