Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
No soy de la suerte su aposento
que vive en el incendio de una llama
que ningún Dios creyó tras la ceniza
que borra los rastrojos de la noche;
lo que queda en mi es poca cosa,
la piel se agota de fuente y armonía,
cortinas rasgadas, esquinas sin ojos,
puertas enguantadas donde la huella existe,
donde no soy más la suerte del incendio tuyo
con el viento en cara.
Azares de la vida, todo vale,
todo equivoca el agua, arrojada llueve
sobre mi cuarto amarillo
pasa y traspasa
luz, abierta y llave,
de lo posible e imposible
de la vida a cuestas.