Remo
Poeta recién llegado
Se le presento un dolor apacible,
pero a la vez poco soportable,
uno de esos que aparentan ser serenos y
con el paso a trote lento apresurado
no dejan de ser erupciones en la vesania,
esa tormenta meditada,
ese esplendor que ondea
por encima de la mente,
que ni el mismo portador lo entiende,
ese vertiginoso y airoso espejismo,
aquel que no se detiene así suplique
el corazón vehemente que descarnándose
le dice: ¿Por qué razón inmolarse?,
¡Déjalo y vive uno nuevo!
Y no, no se detiene, sigue atravesado su
escuálido cuerpo que desea abandonar
la propia sagacidad,
no sabe que esa luz no se lo permite,
no entiende si es capricho o nicho,
no comprende si se desprende o
quiere desprenderse,
avanza y se retuerce por no hacerlo,
no entiende si aquello que lo mantiene
en uña y pie es placer o pasión.
pero a la vez poco soportable,
uno de esos que aparentan ser serenos y
con el paso a trote lento apresurado
no dejan de ser erupciones en la vesania,
esa tormenta meditada,
ese esplendor que ondea
por encima de la mente,
que ni el mismo portador lo entiende,
ese vertiginoso y airoso espejismo,
aquel que no se detiene así suplique
el corazón vehemente que descarnándose
le dice: ¿Por qué razón inmolarse?,
¡Déjalo y vive uno nuevo!
Y no, no se detiene, sigue atravesado su
escuálido cuerpo que desea abandonar
la propia sagacidad,
no sabe que esa luz no se lo permite,
no entiende si es capricho o nicho,
no comprende si se desprende o
quiere desprenderse,
avanza y se retuerce por no hacerlo,
no entiende si aquello que lo mantiene
en uña y pie es placer o pasión.