charlie ía
tru váyolens
qué fácil
desatar un infierno de mamea
en cada trazo que uno da
en cada trivialidad inútil que insistimos en nombrar
desde el pasado.
o en cada estallido
del corazón de la bestia moribunda
que se tambalea torpemente hacia el asalto final.
se la vi, amigo mío.
cuando cierra los ojos y tantea en el vacío a que algo surja.
cuando abro los ojos y me desvanezco torpemente
entre la niebla.
qué fácil, pienso,
tantear en el vacío
en este temple bar repleto de buenos culos.
por ejemplo, una fisura en la corteza terrestre
abriéndose
de par en par en canalillo.
esos vestidos ajustados
como una soga al cuello
que las masas piden apretar.
las miradas alargadas peligrosamente
hasta encontrarse
a punto
de romperse.
este bar está lleno de buenos culos.
y estos días están llenos de buenos culos
pero los buenos culos tan solo viven
lo que tardamos en descubrir
lo inútil que resulta un frágil compromiso.
así de fácil arde mi reino
dentro de su ruina fabulosa
sentado junto a la ventana de mi frágil compromiso,
que estalla
como un vaso arrojado
con toda la fuerza que uno tiene al suelo:
así de fácil ella bebe lo mismo que mis labios gozan.
fuma la misma marca de cigarrillos:
tintinea el vaso de la misma forma
que yo.
nasunyamo se nimbu, amiga mía
que la calle se merece
ese esfuerzo sobrehumano de ignorar
el día y la hora prometidos
después del primer polvo,
incluso aún hayan sido plasmados en mi piel
con una navaja de afeitar:
a ella
no le sale del coño que yo los siga.
nasunyamo se nimbu, amiga mía:
aunque no tengás
ni puta idea
de lo que eso significa.
avanza el corazón de la bestia moribunda
torpemente
hasta rompernos los brazos,
al caer por fin
el mosquitero.
desatar un infierno de mamea
en cada trazo que uno da
en cada trivialidad inútil que insistimos en nombrar
desde el pasado.
o en cada estallido
del corazón de la bestia moribunda
que se tambalea torpemente hacia el asalto final.
se la vi, amigo mío.
cuando cierra los ojos y tantea en el vacío a que algo surja.
cuando abro los ojos y me desvanezco torpemente
entre la niebla.
qué fácil, pienso,
tantear en el vacío
en este temple bar repleto de buenos culos.
por ejemplo, una fisura en la corteza terrestre
abriéndose
de par en par en canalillo.
esos vestidos ajustados
como una soga al cuello
que las masas piden apretar.
las miradas alargadas peligrosamente
hasta encontrarse
a punto
de romperse.
este bar está lleno de buenos culos.
y estos días están llenos de buenos culos
pero los buenos culos tan solo viven
lo que tardamos en descubrir
lo inútil que resulta un frágil compromiso.
así de fácil arde mi reino
dentro de su ruina fabulosa
sentado junto a la ventana de mi frágil compromiso,
que estalla
como un vaso arrojado
con toda la fuerza que uno tiene al suelo:
así de fácil ella bebe lo mismo que mis labios gozan.
fuma la misma marca de cigarrillos:
tintinea el vaso de la misma forma
que yo.
nasunyamo se nimbu, amiga mía
que la calle se merece
ese esfuerzo sobrehumano de ignorar
el día y la hora prometidos
después del primer polvo,
incluso aún hayan sido plasmados en mi piel
con una navaja de afeitar:
a ella
no le sale del coño que yo los siga.
nasunyamo se nimbu, amiga mía:
aunque no tengás
ni puta idea
de lo que eso significa.
avanza el corazón de la bestia moribunda
torpemente
hasta rompernos los brazos,
al caer por fin
el mosquitero.