Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
He aprendido, con el tiempo, a amarte consecutivamente como a una caligrafía, a rezar por las noches para rellenar los vacios óseos del cielo, y a recordarte, florido, como un campo de primaveras que amanece escrito en los pulgares del romanticismo.
Pero, como siempre, y desde hace años, mis palabras tienen su muerte cervical en mi garganta, pero tú eres mi luz, tú, eres mi cielo, y quizá te has vuelto mi religión Hoy solo resta pedirle a Santa Lucía que me devuelva la vista, así podré limpiar el polvo de los días en tus laberintos de amores ciegos.
Y ahora dime. ¿Qué es eso que haces para mantener tus ojos tan brillantes? *
Eso que hace que el sol amanezca cada día entre tu mirada, eso que llena al cielo de lunas y mis ojos de lagrimas, eso, la suave brisa entre los sauces, eso, los cálidos domingos que se suicidan arrastrados por los cuatro vientos de la soledad, la suave brisa, que acaricia los alfeizares, donde mi alma se sienta cada tarde a esperar que pase tu recuerdo, eso, que me trae tan enamorado de ti.
A veces, cierro los ojos, y entre suspiros, me aferro a los rosales de tu recuerdo, mas allá del jardín de que hay en tus ojos verdes. Como soñar entre los pastizales que hay en la pradera de tu mirada.
Extraño a tus ojos verdes, extraño al milagro, que resulta verlos abiertos cada amanecer.