La cara de los comensales
me alarmó de sobremanera
como si hubiesen visto los arrabales
del infierno y su cantera.
Miraban con la extrañeza
característica de una sorpresa,
clavando con toda fijeza
sus ojos en mi mesa
que salpicada por años de espera
tachones de tinta
y los raspones que en su madera
grabaron una palabra ya extinta.
Una palabra que juré no mencionar jamás
¡Y cumplí mi palabra de hombre!
Pero algo falló... y así sin más...
todos escucharon tu nombre.
No contaba con que cayera el torrente,
se fragmentó la sala y la roca.
Pues para todos fue evidente
que tu nombre... salió de mi boca.
Nada esta escrito... aún.
me alarmó de sobremanera
como si hubiesen visto los arrabales
del infierno y su cantera.
Miraban con la extrañeza
característica de una sorpresa,
clavando con toda fijeza
sus ojos en mi mesa
que salpicada por años de espera
tachones de tinta
y los raspones que en su madera
grabaron una palabra ya extinta.
Una palabra que juré no mencionar jamás
¡Y cumplí mi palabra de hombre!
Pero algo falló... y así sin más...
todos escucharon tu nombre.
No contaba con que cayera el torrente,
se fragmentó la sala y la roca.
Pues para todos fue evidente
que tu nombre... salió de mi boca.
©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
Nada esta escrito... aún.
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