De mi sangre nacen diablos.
Mi ánimo, otrora jovial y esperanzado,
de tus lamentos hace sorna,
y de tu llanto, un baile sacro.
Ha buscado, como quien marca
en la sombra sus designios
por tu alma para su frívolo capricho,
no soy puro para satisfacer
de tus cuencas los envenenados
párpados, ni para besar en ellos
néctar bermejo y amargo.
Dime tú, cariño mío,
que de este pecho todo has arrancado,
¿Cómo esperas que mi alma,
por ti, otorgue susurros enamorados?
Cuando de venas rotas,
que por mi cuerpo brotan,
lagrimas carmesí de mi odio consagrado.
Para ti,
de mi sangre nacen diablos.