Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
De nada me valió la flor primera,
aquella de la audaz adolescencia,
la flor que dio jardín a mi existencia
y hermosa fecundó mi primavera.
De nada me valió pues no hay nevera
que pueda conservarme la inocencia,
la blanca candidez sin apariencia
del verso virginal de su quimera.
Tan solo un mal rescoldo sobrevive
en medio de unos años que ya pesan,
haciéndome cercano su declive.
Son pocos los milagros que me besan
y mucha la avidez que se percibe
detrás de las angustias que no cesan.
aquella de la audaz adolescencia,
la flor que dio jardín a mi existencia
y hermosa fecundó mi primavera.
De nada me valió pues no hay nevera
que pueda conservarme la inocencia,
la blanca candidez sin apariencia
del verso virginal de su quimera.
Tan solo un mal rescoldo sobrevive
en medio de unos años que ya pesan,
haciéndome cercano su declive.
Son pocos los milagros que me besan
y mucha la avidez que se percibe
detrás de las angustias que no cesan.
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