yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo una luna cansada,
solo reflejos de gato tunante
y el jardín donde las estrechas madreselvas
juegan a ser mariposas en reposo,
solo una luz colgada de tu piel
cuando adelantas tus pasos a mi encuentro
y en un buenas noches resumes
trescientos años de camino,
cuando vencías la languidez de un beso
entre infantil y venerable.
Bajo un reflejo de lirio cansado y bonachón,
descansas el imán de tus caderas redondas
y esculpidas en piel virgen como un mar,
yo te observo desde atrás de mi cigarro,
cuando los grillos se ponen a afinar los instrumentos
y un reloj malicioso me pone por instantes
la luna de tus pechos entre las nueve y las dos;
entonces el frío me recuerda que estoy vivo,
vivo en esta jungla de Gaugain,
tus ojos con inclinaciones sibaritas acortan el camino hasta mis labios,
después recoges el pincel con que delineas mis deseos
y sabia y descarada traspones la humedad
entre mis dientes con la culebrilla de tu boca.
Un gato mira impávido.
La luz de la habitación nos llama
y volvemos a ser polillas en torno del farol,
yo descaro mis manos por tus hombros,
tu finges dos milésimas de pudor
y una cama angosta, angosta como un sendero de piedra
recibe la primera voz de tu tormenta,
afuera el frío envidioso nos mira con colmillos de depredador,
aquí la luna se desnuda junto a ti.
solo reflejos de gato tunante
y el jardín donde las estrechas madreselvas
juegan a ser mariposas en reposo,
solo una luz colgada de tu piel
cuando adelantas tus pasos a mi encuentro
y en un buenas noches resumes
trescientos años de camino,
cuando vencías la languidez de un beso
entre infantil y venerable.
Bajo un reflejo de lirio cansado y bonachón,
descansas el imán de tus caderas redondas
y esculpidas en piel virgen como un mar,
yo te observo desde atrás de mi cigarro,
cuando los grillos se ponen a afinar los instrumentos
y un reloj malicioso me pone por instantes
la luna de tus pechos entre las nueve y las dos;
entonces el frío me recuerda que estoy vivo,
vivo en esta jungla de Gaugain,
tus ojos con inclinaciones sibaritas acortan el camino hasta mis labios,
después recoges el pincel con que delineas mis deseos
y sabia y descarada traspones la humedad
entre mis dientes con la culebrilla de tu boca.
Un gato mira impávido.
La luz de la habitación nos llama
y volvemos a ser polillas en torno del farol,
yo descaro mis manos por tus hombros,
tu finges dos milésimas de pudor
y una cama angosta, angosta como un sendero de piedra
recibe la primera voz de tu tormenta,
afuera el frío envidioso nos mira con colmillos de depredador,
aquí la luna se desnuda junto a ti.
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