A Lola
De nuevo, Barcelona...
Posándome la mano en la mejilla
mi lágrima suspensa me enjugaste
y en ella humedecida te llevaste,
en algo tibio, mi emoción sencilla.
La tarde declinaba en su amarilla
textura al mismo tiempo que marchaste,
y fuera del vacío que dejaste
que pensé el gran vacío en una silla.
Y luego El Cants…, Savall en mis oídos…,
Pedrera, Gracia…, y todo aquel verano…,
rincones y fachadas aprendidos…,
de nuevo Barcelona entre mi mano
y el gótico, La Rambla…, y los sonidos…,
sardanas… ¡Y acercaste lo lejano!
Uffffffffffff, ¡Madre del amor hermoso!, uno de los sonetos más elevados, grandiosos, enormes, altos, ricos, cultos, emotivos, conmovedores, líricos, y bellos que jamás he leído. El contenido es puro sentimiento, es evocación, es amistad, es cariño, es cálido abrazo, es un velo de recuerdo y lágrima en la mirada. Yo vi a Lola llorar cuando lo leyó y te escuchó declamándolo, y a mí se me puso un nudo en la garganta y se nublaron mis pupilas.
Y es que amén de ese profundo y antológico contenido, el continente es una maravilla en ritmo, en musicalidad, en estética eufonía, en la perfección de todos sus ritmos: cantidad, acento, entonación, y timbre, todos, clavados, perfectos. El sáfico largo pleno ""en algo tibio, mi emoción sencilla"", y el heroico corto ""Y luego El Cants..., Savall en mis oídos...,"" son guindas que embellecen todo el ritmo transcrito en el soneto, por esa especial rotura de la posible monotonía rítmica, sin romper, todo lo contrario, armonizando y, repito, embelleciendo la sonora y estética eufonía. De 10. Hinco rodilla en tierra y te rindo pleitesía, pero de caballero a caballero, ¿eh?, no te me pongas tierno, jajajajajajaja, que ya sabes que lo que a mí me tiran son las gacelillas y las florecillas, jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja.
Te dejo un enorme abrazo, con todo mi cariño y con mi total devoción y admiración por tu poesía.