De nuevo, soy atea.

Credenda

Poeta recién llegado
De nuevo, soy atea.

Era una mañana como cualquier otra, debía realizar una entrevista más, a un colaborador de un centro cultural “cualquiera”. Primero no daba con el lugar, estaba perdida en ese pueblito rodeado de cerros, lleno de casitas coloridas, calles de laja y personas que parecían tener el mismo rostro. Tras caminar varias cuadras, di con aquél sitio. Era una casona vieja con patio en medio, al que habían convertido en escenario o algo por el estilo. Habían 5 mesas y treinta sillas de color rojo muy desgastadas, las paredes tenían dibujos de Mafalda –sí, la muñequita argentina-. También había algunos pensamientos revolucionarios del Ché combinadas con frases de Jodorowsky. Aquel sitio era una mezcla caricaturesca de “eso que llaman cultura”. Al fondo, vi tú silueta y me dijiste: -¡Hola!-. Me presente ante ti con todas las cortesías posibles pero al acercarte, mi lengua dejo de articular palabras coherentes. Parecía que aquel lugar ya no era tan viejo, ni húmedo. La luz había llegado a mis ojos. Creo que necesitaba más de un celular multiusos y una simple cámara fotográfica. –Vuelve,vuelve- me decía hacia mis adentros. Debía programar mi celular a modo de grabación, presionar el botón y disparar el flash. Las preguntas personales tenían que esperar. Presioné la tecla, de mi celular, “grabador de voz” y todo comenzó a fluir. No podía escuchar tus palabras sólo las veía. No podía ver tu cara sólo la escuchaba. Sabía que no eras un ser angelical, más bien parecías un hermoso elfo… ¡no es cierto!, más bien eras un chico de cabello hasta el hombro, manos delgadas con dedos largos. Tu barba parecía esconderse entre tu piel y mi vista. Eras delgado justo a la medida de mis brazos, y yo parecía un hobbit ante ti -y lo digo por la diferencia de estaturas-. Mi cerebro no podía pensar, en algo que no fuera parte de tu cuello, tus ojos, tus hombros…

Las preguntas seguían y tus respuestas eran tan sorprendentes a mis ojos. Me decía –debo decirle algo inteligente- pero ni una palabra, aunque sea a medias, podía surgir de mis neuronas. Él seguía platicando de la importancia y los propósitos del “centro cultural”. A mí eso, era lo que menos me importaba. En mi mente nada más sonaba la canción de los Beatles “Here comes the sun”. Mi espíritu parecía sacudirse ante alguien real, no estaba soñando ni escribiendo sobre algo inexistente. Ahora tenías un nombre. Él me dijo:

-puedes llamarme Chuy-

y yo paralizada, pensé:

-¡mi Dios… Jesús existe!

Pude preguntar más y resolver mis dudas, pero quería permanecer en ese estado de levitación eterna. Al final nos despedimos, deseándonos la mejor de las vibras.

Después de varias horas de viaje, regrese a casa. Pasando algunos días, te agregué al buen libro de rostros (el face). La tecnología suele ser de gran utilidad. Varias veces posteaste, mediante el facebook, mi nombre en los carteles de los futuros eventos de teatro, poesía, recitales de música, invitándome a ellos. La ilusión no podía detenerse, estaba fuera de control. Hasta que un día mi imaginación aterrizó como aquella palomita que no quizo ver el cristal y terminó por regalarle un beso a la ventana. Una imagen mí querido, una foto acabo con mi fantasía: una chica trigueña alrededor de tu cuerpo, haciéndote “cariñitos” con sus labios. Yo no sabía que los dioses también mienten…
Ahora, vuelvo a ser atea.

Nota: Tolkien tenía razón, los Elfos jamás se enamoran de los Hobbits.
 
Es el amor una gran mentira?
una ilusión?
es el amor el ilusionista
y los Dioses nacen desde desear unos labios
desde emerger entre los sueños
pensado en unos ojos
interesante relato...=)



De nuevo, soy atea.

Era una mañana como cualquier otra, debía realizar una entrevista más, a un colaborador de un centro cultural “cualquiera”. Primero no daba con el lugar, estaba perdida en ese pueblito rodeado de cerros, lleno de casitas coloridas, calles de laja y personas que parecían tener el mismo rostro. Tras caminar varias cuadras, di con aquél sitio. Era una casona vieja con patio en medio, al que habían convertido en escenario o algo por el estilo. Habían 5 mesas y treinta sillas de color rojo muy desgastadas, las paredes tenían dibujos de Mafalda –sí, la muñequita argentina-. También había algunos pensamientos revolucionarios del Ché combinadas con frases de Jodorowsky. Aquel sitio era una mezcla caricaturesca de “eso que llaman cultura”. Al fondo, vi tú silueta y me dijiste: -¡Hola!-. Me presente ante ti con todas las cortesías posibles pero al acercarte, mi lengua dejo de articular palabras coherentes. Parecía que aquel lugar ya no era tan viejo, ni húmedo. La luz había llegado a mis ojos. Creo que necesitaba más de un celular multiusos y una simple cámara fotográfica. –Vuelve,vuelve- me decía hacia mis adentros. Debía programar mi celular a modo de grabación, presionar el botón y disparar el flash. Las preguntas personales tenían que esperar. Presioné la tecla, de mi celular, “grabador de voz” y todo comenzó a fluir. No podía escuchar tus palabras sólo las veía. No podía ver tu cara sólo la escuchaba. Sabía que no eras un ser angelical, más bien parecías un hermoso elfo… ¡no es cierto!, más bien eras un chico de cabello hasta el hombro, manos delgadas con dedos largos. Tu barba parecía esconderse entre tu piel y mi vista. Eras delgado justo a la medida de mis brazos, y yo parecía un hobbit ante ti -y lo digo por la diferencia de estaturas-. Mi cerebro no podía pensar, en algo que no fuera parte de tu cuello, tus ojos, tus hombros…

Las preguntas seguían y tus respuestas eran tan sorprendentes a mis ojos. Me decía –debo decirle algo inteligente- pero ni una palabra, aunque sea a medias, podía surgir de mis neuronas. Él seguía platicando de la importancia y los propósitos del “centro cultural”. A mí eso, era lo que menos me importaba. En mi mente nada más sonaba la canción de los Beatles “Here comes the sun”. Mi espíritu parecía sacudirse ante alguien real, no estaba soñando ni escribiendo sobre algo inexistente. Ahora tenías un nombre. Él me dijo:

-puedes llamarme Chuy-

y yo paralizada, pensé:

-¡mi Dios… Jesús existe!

Pude preguntar más y resolver mis dudas, pero quería permanecer en ese estado de levitación eterna. Al final nos despedimos, deseándonos la mejor de las vibras.

Después de varias horas de viaje, regrese a casa. Pasando algunos días, te agregué al buen libro de rostros (el face). La tecnología suele ser de gran utilidad. Varias veces posteaste, mediante el facebook, mi nombre en los carteles de los futuros eventos de teatro, poesía, recitales de música, invitándome a ellos. La ilusión no podía detenerse, estaba fuera de control. Hasta que un día mi imaginación aterrizó como aquella palomita que no quizo ver el cristal y terminó por regalarle un beso a la ventana. Una imagen mí querido, una foto acabo con mi fantasía: una chica trigueña alrededor de tu cuerpo, haciéndote “cariñitos” con sus labios. Yo no sabía que los dioses también mienten…
Ahora, vuelvo a ser atea.

Nota: Tolkien tenía razón, los Elfos jamás se enamoran de los Hobbits.
 
Quizá era solo una prueba de dios, jajajaja, eso dicen cuando algo malo pasa, pero bueno volviendo a tu escrito, me ha encantado, me hace mantener la atención con totalidad en lo que expresas, y se hace una lectura amena, y hasta divertida, aunque quizá es un hecho triste para vos, solo puedo felicitarte, y esperar toparme de nuevo con otro escrito tuyo, porque este me atrapó, y aunque ahora sos de nuevo atea, pienso que quizá podría yo volverme cristiano de nuevo si sigo leyéndote jeje
 
Bueno cada uno es libre de elegir por si mismo. Tu relato me agrado, espero leerte más. ABRAZOS
 
Es un buen cuento con un mensaje muy cierto y un final algo acelerado que llama la atención.
En especial, me gustó mucho, mucho, esto: "Hasta que un día mi imaginación aterrizó como aquella palomita que no quizo ver el cristal y terminó por regalarle un beso a la ventana."

Saludos.​
 

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