Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
.
Anochece y hace viento, la lluvia araña las ventanas y la melancolía toda se hace ovillo en la garganta. Qué ganas de gritar que todo pase o de repetir el rosario del olvido hasta que la memoria quede como papel en blanco y sin ideas y sin tinta y el único remedio sea doblarlo hasta forzarlo a ser un avión sin verbo y sin tu nombre y sin viento; dicen que hay lugares en donde hay que estar antes de morir y yo encontré entre tus brazos dos tardes largas como horizontes en donde aprendí a morir de nostalgia y de ganas, de sexo y de silencio, de suspiros llanto y gemidos; de amor, amor, después de hacer el amor.
Anochece y la tarde suspira haciendo viento, las gotas de lluvia no son como las había imaginado, se cuelgan del cristal finas cual filo de guadaña, como si fueran las lindes del poema que te debo y que sin piedad cortan en pedazos lo que pudo ser y lo que fue formando un rompecabezas que no tiene pies, ni cuerpo, ni testigos con los cual tomar café y entre charla y charla te traigan de regreso a mi mente tal como eras y no como en mis noches te idealizo.
Me anochece y es momento de ir de nuevo morir entre las sábanas, momento de ir a buscarte en lo ancho del lado de la cama, a esperar pacientemente a que la ultima oveja brinque de este lado de la verja y después dormir entre tus brazos como en aquel par de largas noches como horizontes.
Due 13.11.13 en una noche en la que el silencio es tanto que se puede escuchar en la recamara el rumor que hacían mis dedos al contacto de su espalda.
Anochece y hace viento, la lluvia araña las ventanas y la melancolía toda se hace ovillo en la garganta. Qué ganas de gritar que todo pase o de repetir el rosario del olvido hasta que la memoria quede como papel en blanco y sin ideas y sin tinta y el único remedio sea doblarlo hasta forzarlo a ser un avión sin verbo y sin tu nombre y sin viento; dicen que hay lugares en donde hay que estar antes de morir y yo encontré entre tus brazos dos tardes largas como horizontes en donde aprendí a morir de nostalgia y de ganas, de sexo y de silencio, de suspiros llanto y gemidos; de amor, amor, después de hacer el amor.
Anochece y la tarde suspira haciendo viento, las gotas de lluvia no son como las había imaginado, se cuelgan del cristal finas cual filo de guadaña, como si fueran las lindes del poema que te debo y que sin piedad cortan en pedazos lo que pudo ser y lo que fue formando un rompecabezas que no tiene pies, ni cuerpo, ni testigos con los cual tomar café y entre charla y charla te traigan de regreso a mi mente tal como eras y no como en mis noches te idealizo.
Me anochece y es momento de ir de nuevo morir entre las sábanas, momento de ir a buscarte en lo ancho del lado de la cama, a esperar pacientemente a que la ultima oveja brinque de este lado de la verja y después dormir entre tus brazos como en aquel par de largas noches como horizontes.
Due 13.11.13 en una noche en la que el silencio es tanto que se puede escuchar en la recamara el rumor que hacían mis dedos al contacto de su espalda.
Última edición: