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De Placeres y Vinos

Maloy

Poeta recién llegado
I Evocación a Dioniso

Venid, hijos de Sileno y ménades benditas
que he concertado con esmero un ditirambo,
ayudadme entonando los melódicos cantares
a suplicar lujurioso por mis fálicos goces.

Os saludo, bienaventurado y cándido Dioniso;
sapiente hacedor del deleitoso y tórrido vino,
mi embajador olímpico de orgiásticos placeres
a quién con humilde prosa clamo en mi deseo.

Desterrad para siempre al vil y funesto Eros,
burlesco mentiroso que embauca sin indulto,
que su parva presencia desconcerta mis planes
y sus melosas falacias merman ya mis deleites.

II Mi fálica súplica

Servid vuestro néctar en la copa de la incrédula,
despertad del letargo la libido ahora adormilada
humedeced sus entrañas, fornicad sus miedos
que yo, cual víbora, me escurriré entre sus muslos.

Dadme el gusto de sus tersos y húmedos labios
que apasionados suspiros me obligan a exhalar,
jugosos y bermejos frutos de templado tacto
que cual hambrienta bestia devoraría sin recelo.

Escondedme como un demonio rapaz y lascivo
en su lecho de níveas y perfumadas sábanas
que yo, como el sabio y poderoso padre Zeus,
la penetraré encendido en forma trueno y rayo.

Convertidme de nuevo en un inocente infante
para saciar mi voraz apetito aferrado a sus senos
y entre el cálido calostro y solapados gemidos
empaparé ya su torso con mis seminales licores.

Embriagadme, os imploro, en impúdico éxtasis,
en aquel cálido licor capaz de acallar la cólera;
ambrosíaco almíbar de agridulce embocadura,
que mana como un regato desde su acuosa pubis.

III En el éxtasis

Probad ya vuestro néctar de la boca de la ahora crédula,
que la libido otrora adormilada por fin dejó su letargo
sus entrañas yacen húmedas, y sus miedos ya saciados
y yo, cual víbora, inoculé mi veneno entre sus muslos.
 
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