ropittella
Poeta veterana en el Portal
Con tu prontuario de soles austeros
llegas al portal del crudo invierno,
traes contigo las memorias vanales
de las hojas que los árboles vistieron,
amarronadas voces transportadas por el viento
hasta tu saco de mendigo del verano
-ese millonario auténtico- que deja migajas
de su rabia colorida en el brillo de los ocres,
como mísero recuerdo de la magia.
Y así de pobre ¡Tan pobre!, arribas a ese feudo
de nieve contenida para tus mortajas.
Tú, siempre listo para darles una mano
al principio y al final de los extremos:
a la muerte de las mariposas y al sueño
precavido de los osos...
Y yo que siento que podría darte algo de mi riqueza
en potencia, un término medio:
un atisbo de jazmín, una flor de limonero,
la incipiente tibieza del nido de un jilguero,
te miro desde esta rosa que me abriga por ahora,
pero no me ves
¡Ay, Otoño, qué desencuentro otra vez!
llegas al portal del crudo invierno,
traes contigo las memorias vanales
de las hojas que los árboles vistieron,
amarronadas voces transportadas por el viento
hasta tu saco de mendigo del verano
-ese millonario auténtico- que deja migajas
de su rabia colorida en el brillo de los ocres,
como mísero recuerdo de la magia.
Y así de pobre ¡Tan pobre!, arribas a ese feudo
de nieve contenida para tus mortajas.
Tú, siempre listo para darles una mano
al principio y al final de los extremos:
a la muerte de las mariposas y al sueño
precavido de los osos...
Y yo que siento que podría darte algo de mi riqueza
en potencia, un término medio:
un atisbo de jazmín, una flor de limonero,
la incipiente tibieza del nido de un jilguero,
te miro desde esta rosa que me abriga por ahora,
pero no me ves
¡Ay, Otoño, qué desencuentro otra vez!
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