De siete a cinco

Darío Nervo

Poeta que considera el portal su segunda casa

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"La ciudad de la furia", pintura al óleo por Jeremy Mann.

De siete a cinco

Ápice del tiempo,
eres el músculo roto de las horas,
y el hematoma de silencio
que ausculta el movimiento
civilizado del corazón;
hora crítica del hombre
que revienta los nervios
de la felicidad reyerta.

Hay una úlcera sin quemar
en la prisa del mundo,
en los interruptores encendidos
del ahora,
que quiebran con sus máquinas
la última esperanza del pobre;
metralla de segundos,
eres un purgatorio sin puertas
en esta cuadrícula de concreto
donde el mundo está pariendo
la envidia en su aceite quemado.

El cáncer del vaivén
se esconde
en el ajedrez de la humanidad
mientras es manoseada
la dignidad del obrero,
quien duerme en una esquina
de la noche.

Nadie quiere ser el último eslabón
de esta cadena que tira progresos,
la gente corre desde el origen
de la desesperación,
sobreviviendo con un puñal
en su espalda,
entre chacales sin nombre
que suben los peldaños del éxito
con zancadas de hambre.

El pan es arrancado de las muelas
con empebellones rígidos de odio,
mientras el tiempo nos inyecta
dosificaciones de muerte
en las suaves arterias del día a día.

Heriático de alegría
voy de prisa en la oscuridad de la mañana
viendo como los árboles caen en la mirada
por las ventanas de este tren
que quiere ser primero...

 
Magnifica obra.....Cuantas verdades en tus versos, la humanidad la apestaron con lo más hediondo,la terrible envidia que llenan resentimientos y divide...Cuantas mañanas oscuras, sin el pan en la boca para muchos....Terrible situación cuando vemos las humillaciones al pueblo y sus semejantes...Buena letra amigo, mis abrazos!
 
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"La ciudad de la furia", pintura al óleo por Jeremy Mann.

De siete a cinco

Ápice del tiempo,
eres el músculo roto de las horas,
y el hematoma de silencio
que ausculta el movimiento
civilizado del corazón;
hora crítica del hombre
que revienta los nervios
de la felicidad reyerta.

Hay una úlcera sin quemar
en la prisa del mundo,
en los interruptores encendidos
del ahora,
que quiebran con sus máquinas
la última esperanza del pobre;
metralla de segundos,
eres un purgatorio sin puertas
en esta cuadrícula de concreto
donde el mundo está pariendo
la envidia en su aceite quemado.

El cáncer del vaivén
se esconde
en el ajedrez de la humanidad
mientras es manoseada
la dignidad del obrero,
quien duerme en una esquina
de la noche.

Nadie quiere ser el último eslabón
de esta cadena que tira progresos,
la gente corre desde el origen
de la desesperación,
sobreviviendo con un puñal
en su espalda,
entre chacales sin nombre
que suben los peldaños del éxito
con zancadas de hambre.

El pan es arrancado de las muelas
con empebellones rígidos de odio,
mientras el tiempo nos inyecta
dosificaciones de muerte
en las suaves arterias del día a día.

Heriático de alegría
voy de prisa en la oscuridad de la mañana
viendo como los árboles caen en la mirada
por las ventanas de este tren
que quiere ser primero...



Cuanta horrible realidad y con tanta delicadeza lo has dicho...excelente obra, me ha encantado pasar por tus letras...por cierto, habrá en tu sangre algo del gran poeta mexicano Amado Nervo...??..Saludos cordiales desde Chile.
 
Rutina cotidiana que los humanos creamos por la costumbre a lo imposible, lo material, sacando lo peor de nuestro ser en cada esquina, una catacumba de oscuridad mientras podríamos ser luz. ¡Magnífico poema! Un placer disfrutar de su magistral y profunda poesía, Darío Nervo, reciba la más cálida felicitación y saludo.
 
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"La ciudad de la furia", pintura al óleo por Jeremy Mann.

De siete a cinco

Ápice del tiempo,
eres el músculo roto de las horas,
y el hematoma de silencio
que ausculta el movimiento
civilizado del corazón;
hora crítica del hombre
que revienta los nervios
de la felicidad reyerta.

Hay una úlcera sin quemar
en la prisa del mundo,
en los interruptores encendidos
del ahora,
que quiebran con sus máquinas
la última esperanza del pobre;
metralla de segundos,
eres un purgatorio sin puertas
en esta cuadrícula de concreto
donde el mundo está pariendo
la envidia en su aceite quemado.

El cáncer del vaivén
se esconde
en el ajedrez de la humanidad
mientras es manoseada
la dignidad del obrero,
quien duerme en una esquina
de la noche.

Nadie quiere ser el último eslabón
de esta cadena que tira progresos,
la gente corre desde el origen
de la desesperación,
sobreviviendo con un puñal
en su espalda,
entre chacales sin nombre
que suben los peldaños del éxito
con zancadas de hambre.

El pan es arrancado de las muelas
con empebellones rígidos de odio,
mientras el tiempo nos inyecta
dosificaciones de muerte
en las suaves arterias del día a día.

Heriático de alegría
voy de prisa en la oscuridad de la mañana
viendo como los árboles caen en la mirada
por las ventanas de este tren
que quiere ser primero...

Nunca leí un poema sociopolítico tan elegante al decir las cosas necesarias para esa envidia que suele ser el pan diario de esos que pisotean la esperanza del pobre para ganar otro escalón dentro de una sociedad corrompida por el odio y donde siempre gana quien más tiene. Me gusta el enfoque y todo el resultado de este poema. Un saludo y gran abrazo.
 

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