BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dios, que encumbraste de gloria
el apogeo de las cordilleras y de los montes,
que emergiste concreto de la nada como
pavimento sólido de cereales y muchedumbres,
y aniquilaste óxidos galácticos en los muebles
de los aparadores restaurados. Que conmoviste
los continentes con secuencias de sonido, y
vestiste de atuendos tubulares, la magia del
hombre sin aspecto. Invisibles atributos
coronaron tu irradiación magnética, de signos,
símbolos, transcripciones, y materiales desechados.
Mi propia vida equivale a un grado cierto
de inquietud aproximada, donde combaten
formas celestes y latitudes formales, donde
reinan los dígitos y laúdes antiguos e innombrables.
Dios, sí, que emergiste de la fronda apasionada,
mezclando los vientos y profanando cansancios,
y en tu retina se acuchilló la presencia inédita
del mar. Oh, océanos, disciplinas ambiguas
que congelan los latidos universales. Oh
delirio, que golpeaste el sexo con flores,
mostrando preciso, las semillas del flúor.
©
el apogeo de las cordilleras y de los montes,
que emergiste concreto de la nada como
pavimento sólido de cereales y muchedumbres,
y aniquilaste óxidos galácticos en los muebles
de los aparadores restaurados. Que conmoviste
los continentes con secuencias de sonido, y
vestiste de atuendos tubulares, la magia del
hombre sin aspecto. Invisibles atributos
coronaron tu irradiación magnética, de signos,
símbolos, transcripciones, y materiales desechados.
Mi propia vida equivale a un grado cierto
de inquietud aproximada, donde combaten
formas celestes y latitudes formales, donde
reinan los dígitos y laúdes antiguos e innombrables.
Dios, sí, que emergiste de la fronda apasionada,
mezclando los vientos y profanando cansancios,
y en tu retina se acuchilló la presencia inédita
del mar. Oh, océanos, disciplinas ambiguas
que congelan los latidos universales. Oh
delirio, que golpeaste el sexo con flores,
mostrando preciso, las semillas del flúor.
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