Alexiz
Poeta adicto al portal
Dìas que no cuentan,
rebozan plateados
y blancos:
se alborotan como
el polvo del suelo
y revisten de brillo.
Todo tapizan.
Nada pasa:
en este sueño
todo es estàtico.
Y nadie muere
para siempre.
Todos avanzan;
ni el que está
en el seol se retrasa.
Todos los relojes
siguen adelante.
Aun los que se paran...
Mis latidos retumban
en las paredes de granito.
Lo que cae al suelo
es el deseo de ver
una luz que no se apaga,
pero pocos ojos son
suficientemente abiertos
para mirar aquel flagrante
brillo ebúrneo:
Ese túnel es demasiado largo,
y muchos se pierden.
El que teme regresa:
se topa con un muro
de locura y dolor,
de energía sempiterna,
cargada en sumo grado
de duda
Mis ideas incitan a la guerra
pero la espada
sucumbe a la voz.
Y la voz al silencio:
El silencio que precede
al estupor del exceso.
El tiempo está vacío
y la nada precaria
se enarbola de quietud
-eterna.
Se extinguen las luces.
Nadie respira
más fuerte que la luna,
ni exhala más luz
que las estrellas.
Todo brilla,
y todo late: de repente
todo se apaga
¡y las estrellas se duermen!
¡Después la luna muere!
Y mis ojos se cierran:
Deseo soñar tan solo
-durante algunos eones...
rebozan plateados
y blancos:
se alborotan como
el polvo del suelo
y revisten de brillo.
Todo tapizan.
Nada pasa:
en este sueño
todo es estàtico.
Y nadie muere
para siempre.
Todos avanzan;
ni el que está
en el seol se retrasa.
Todos los relojes
siguen adelante.
Aun los que se paran...
Mis latidos retumban
en las paredes de granito.
Lo que cae al suelo
es el deseo de ver
una luz que no se apaga,
pero pocos ojos son
suficientemente abiertos
para mirar aquel flagrante
brillo ebúrneo:
Ese túnel es demasiado largo,
y muchos se pierden.
El que teme regresa:
se topa con un muro
de locura y dolor,
de energía sempiterna,
cargada en sumo grado
de duda
Mis ideas incitan a la guerra
pero la espada
sucumbe a la voz.
Y la voz al silencio:
El silencio que precede
al estupor del exceso.
El tiempo está vacío
y la nada precaria
se enarbola de quietud
-eterna.
Se extinguen las luces.
Nadie respira
más fuerte que la luna,
ni exhala más luz
que las estrellas.
Todo brilla,
y todo late: de repente
todo se apaga
¡y las estrellas se duermen!
¡Después la luna muere!
Y mis ojos se cierran:
Deseo soñar tan solo
-durante algunos eones...
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