De vuelta a casa por los puentes lunares
gritando a los cuatro vientos tu nombre
como el veneno de la flor
donde se deja caer la noche.
Luego un aletargamiento de las piernas
y un escalofrío interno.
Luego una esquina por la calle de los vientres
y unos iris refulgando ternura y muerte.
Una farola llena de polillas iluminando
con una tenue luz de espaldas.
¿Por qué has dejado mi sombra a medias?
¿Por qué has dejado que me pierda
a estas horas
sonámbulo e impasible
en este laberinto imposible?
Luego intentando abrir la puerta
de la captura.
Luego buscando el milagro
intentando expulsarte de mi pecho
y de mi cabeza,
de mi almohada y de mi reino.
Luego intentando resucitar mi batalla
y mañana intentando comprender
este sueño repetido.
...
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