Julián Varela Navarro
Poeta recién llegado
Débil y desechado
Deberíamos estar cerca de la pared, derrotados yo y mi camisa blanca.
Con los salvadores los problemas son mi disfrute de la necesidad y la diversión,
y las conversaciones son de poca duración y casuales porque nosotros sí ocupamos del almuerzo.
Los seducidos me temen.
Los niños me temen.
Los salvadores se acercan pero también me temen.
Soy un hombre dominado por la tristeza que debe salir de un mundo lisonjero.
Busqué crear una comunidad.
En mi bolsillo rojo se oculta una moneda:
en una de las caras, un hombre camina sobre una esfera.
En la otra cara, el torso de un hombre
con los brazos abiertos.
Sólo aquí me harán caminar castigado
hacia el techo del hogar.
Murmuran los inocentes
los cocineros
los profesores,
y la gente del presentismo; los llamados y las firmas,
seducían y generaban adrenalina en un herido que buscaba renovarse.
Creerán que me desterraron.
Caeré de los cúmulos y desde ahí veré la tierra
que antes era de un rubio color ahora ser de color verde.
Veo sobre un cirro cinco jóvenes
Algunos también lo saben, los leales también los ven.
Esos jóvenes
comen la nube, en lugar de comer el almuerzo del restaurante.
Indigno de la fortaleza en los músculos y los huesos.
Quiero imaginar que en otros refugios hay fanáticos libres, sueños libres y deportes.
- Julián Varela Navarro
Deberíamos estar cerca de la pared, derrotados yo y mi camisa blanca.
Con los salvadores los problemas son mi disfrute de la necesidad y la diversión,
y las conversaciones son de poca duración y casuales porque nosotros sí ocupamos del almuerzo.
Los seducidos me temen.
Los niños me temen.
Los salvadores se acercan pero también me temen.
Soy un hombre dominado por la tristeza que debe salir de un mundo lisonjero.
Busqué crear una comunidad.
En mi bolsillo rojo se oculta una moneda:
en una de las caras, un hombre camina sobre una esfera.
En la otra cara, el torso de un hombre
con los brazos abiertos.
Sólo aquí me harán caminar castigado
hacia el techo del hogar.
Murmuran los inocentes
los cocineros
los profesores,
y la gente del presentismo; los llamados y las firmas,
seducían y generaban adrenalina en un herido que buscaba renovarse.
Creerán que me desterraron.
Caeré de los cúmulos y desde ahí veré la tierra
que antes era de un rubio color ahora ser de color verde.
Veo sobre un cirro cinco jóvenes
Algunos también lo saben, los leales también los ven.
Esos jóvenes
comen la nube, en lugar de comer el almuerzo del restaurante.
Indigno de la fortaleza en los músculos y los huesos.
Quiero imaginar que en otros refugios hay fanáticos libres, sueños libres y deportes.
- Julián Varela Navarro
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