Edvar
Poeta fiel al portal
Con el peso de la congoja
van cayendo los párpados
y se despide fúnebre el aliento.
¿A qué se iguala el silencio en el
corazón del hombre herido
sino a la desesperanza de Dios?
Me parece que Dios ha vuelto
su mirada al hombre
y ha llorado los mares que existen hoy.
Y ya no llora más porque se ha resignado.
Así le duele al hombre también
la decepción de un ser al que ha amado.
¡Pobre la vida tortuosa!
Mejor sería matar la vida,
o abrazarse a Dios para juntos lamentarse.
van cayendo los párpados
y se despide fúnebre el aliento.
¿A qué se iguala el silencio en el
corazón del hombre herido
sino a la desesperanza de Dios?
Me parece que Dios ha vuelto
su mirada al hombre
y ha llorado los mares que existen hoy.
Y ya no llora más porque se ha resignado.
Así le duele al hombre también
la decepción de un ser al que ha amado.
¡Pobre la vida tortuosa!
Mejor sería matar la vida,
o abrazarse a Dios para juntos lamentarse.