Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Cuando intuiste
que podías disponer
a tu antojo de
la sed confesada
en mis ojos,
con indiferencia desviaste
la mirada y la impulsaste
sobre el paisaje oscuro
que se observa desde la ventana.
Ante mis requiebros
este mendicante
obtuvo de ti como respuesta
una actuación espléndida
de maniquí contemplativo
del azul del cielo,
mendrugo arrojado al vacío.
La fuente en que
busqué el encuentro
con la dicha,
se convirtió entonces en
la ruta que me acercó
al borde del desastre,
en una nave que zozobra.
Sobre la almohada
la nostalgia y el silencio,
mi alma en ellos,
el pensamiento lento,
vivos mis recuerdos
de otros momentos,
las horas pasan lentas,
miro por la ventana,
luz tenue, fin de la noche...
comienza a difundirse
la luz de la mañana.
que podías disponer
a tu antojo de
la sed confesada
en mis ojos,
con indiferencia desviaste
la mirada y la impulsaste
sobre el paisaje oscuro
que se observa desde la ventana.
Ante mis requiebros
este mendicante
obtuvo de ti como respuesta
una actuación espléndida
de maniquí contemplativo
del azul del cielo,
mendrugo arrojado al vacío.
La fuente en que
busqué el encuentro
con la dicha,
se convirtió entonces en
la ruta que me acercó
al borde del desastre,
en una nave que zozobra.
Sobre la almohada
la nostalgia y el silencio,
mi alma en ellos,
el pensamiento lento,
vivos mis recuerdos
de otros momentos,
las horas pasan lentas,
miro por la ventana,
luz tenue, fin de la noche...
comienza a difundirse
la luz de la mañana.