yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recaen mis manos en las letras que oprimen tu recuerdo,
letras infructuosas,
victimas,
sórdidas,
cansadas de intentar tocar tu oído,
siempre en fuga,
siempre arrinconadas en el recoveco inútil de tu amor
a medias,
desconfiado,
indiferente,
sonoro como un campo de batalla al filo de la noche.
Recaen los verbos como granizo en el corazón,
agua seca
que lucha contra un télefono burlón y desafiante,
¡Quedan tan vencidas las palabras!
Los intentos rutinarios son apenas un brillo de navaja,
garfios para rasgar la huella de tus pasos
e intentar la evasión
y no volver a poner en venta ante tus ojos
la apelación cansada,
rastrera,
minuciosamente deshojada,
sinceramente dolorida y decidida a no volver
y volver como un big bang en retroceso.
Agonizan las palabras ante tu robusta resistencia,
queda seco el núcleo que me impulsa,
acaso entre tus muslos se quedó mi paz y mi elocuencia.
Ya no festejas mis poemas
y dejas que el desgano nos carcoma las caricias;
como en un libro en agonía
mis palabras fallecen en el fragor contra tus parapetos.
Las piedras en el alma,
telarañas en mi almohada,
las maliciosas ganas de llorar...
letras infructuosas,
victimas,
sórdidas,
cansadas de intentar tocar tu oído,
siempre en fuga,
siempre arrinconadas en el recoveco inútil de tu amor
a medias,
desconfiado,
indiferente,
sonoro como un campo de batalla al filo de la noche.
Recaen los verbos como granizo en el corazón,
agua seca
que lucha contra un télefono burlón y desafiante,
¡Quedan tan vencidas las palabras!
Los intentos rutinarios son apenas un brillo de navaja,
garfios para rasgar la huella de tus pasos
e intentar la evasión
y no volver a poner en venta ante tus ojos
la apelación cansada,
rastrera,
minuciosamente deshojada,
sinceramente dolorida y decidida a no volver
y volver como un big bang en retroceso.
Agonizan las palabras ante tu robusta resistencia,
queda seco el núcleo que me impulsa,
acaso entre tus muslos se quedó mi paz y mi elocuencia.
Ya no festejas mis poemas
y dejas que el desgano nos carcoma las caricias;
como en un libro en agonía
mis palabras fallecen en el fragor contra tus parapetos.
Las piedras en el alma,
telarañas en mi almohada,
las maliciosas ganas de llorar...