DECIMAS CONFUSAS
El silencio se consume
en un jarro de agua fría
cuando el deseo surgía
al recordar su perfume.
Y al evocarlo resume
un amor apasionado,
un intento fracasado
de una vida más feliz.
¿Será mayor el desliz
que el de un ser enamorado?
Sumido en mis reflexiones
una lágrima brotaba
al tiempo que reclamaba
de mi alegría atenciones.
¡Qué convulsas ilusiones
clamaban en mis entrañas!
¡Qué sensaciones extrañas
en mis carnes se escondían!
¿Serán diablos que porfían
con sus maneras hurañas?
De repente lo vi claro:
Era yo, que alucinaba,
y la mujer que me amaba
era la luz de mi faro.
No tengo ningún reparo
en declararme culpable,
insolente y miserable.
Pero una cosa les digo:
De mi torpeza maldigo...
¡Qué mujer tan adorable!
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Chu
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::. Abrazos. V.