Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
No me declaro triste.
Ocurre que trabajo de madrugada
y es inevitable llevar trazas
de oscuridad en la camisa,
pero hace mucho que dejé de escuchar
las charlas telefónicas de los amantes
que murieron hace siglos.
Hoy, por ejemplo,
he acercado mi mano a la pared
y no se ha abierto;
de las grietas de aquellos días
no conservé ni una cicatriz.
Arrojé un guijarro al estanque
y no saltó dragón alguno
de mi reflejo roto.
Ni siquiera me sorprendí.
Siempre pedí lágrimas prestadas
para reconocer mis dolencias
y llorar por algo menos incierto.
Si no llevo la sonrisa puesta
es porque ninguna me ha quedado;
se dilatan, se tuercen, se rompen.
No voy con mariposas en los dientes,
pero no me declaro triste.
Mira: el perro y la maceta
no me reconocen como su igual,
aunque se me caigan las hojas
o le ladre a las ambulancias.
Seguí la prescripción médica
y a la indiferencia del universo
le respondí con indiferencia:
No soy triste.
No soy.
No.
***
18 de septiembre de 2018.
Ocurre que trabajo de madrugada
y es inevitable llevar trazas
de oscuridad en la camisa,
pero hace mucho que dejé de escuchar
las charlas telefónicas de los amantes
que murieron hace siglos.
Hoy, por ejemplo,
he acercado mi mano a la pared
y no se ha abierto;
de las grietas de aquellos días
no conservé ni una cicatriz.
Arrojé un guijarro al estanque
y no saltó dragón alguno
de mi reflejo roto.
Ni siquiera me sorprendí.
Siempre pedí lágrimas prestadas
para reconocer mis dolencias
y llorar por algo menos incierto.
Si no llevo la sonrisa puesta
es porque ninguna me ha quedado;
se dilatan, se tuercen, se rompen.
No voy con mariposas en los dientes,
pero no me declaro triste.
Mira: el perro y la maceta
no me reconocen como su igual,
aunque se me caigan las hojas
o le ladre a las ambulancias.
Seguí la prescripción médica
y a la indiferencia del universo
le respondí con indiferencia:
No soy triste.
No soy.
No.
***
18 de septiembre de 2018.