Óscar Pérez
Poeta asiduo al portal
Declaroalgunas cosas
Arriba el batallón de los perdidos,
de los que no compran en aguas del sistema,
de los que no saben del provecho de la usura,
de los que no nadan tras el lucro ni susfauces.
Felices los que se aman en sábanas sin marca,
en casas sin servicio, en autos averiados,
los que sonríen compartiendo una manzana,
sin ver edenes ni serpientes en su abrazo.
Sólo un camino ven, en que cabemos todos,
por eso se sonríen, porque no se sientensolos.
Amo las calles condecoradas con guirnaldas,
con rústicas silvestres flores en las grietas,
con el musgo en los muros que así guardan suhistoria,
con niños sobre todo, creciendo mientrasjuegan
no a la guerra, no a las armas, simplemente aser cual niños,
abejas, mariposas, estrellas de la buena tarde.
Arriba pues la gente que no esconde suconciencia,
que no usa blanqueador para sus faltas ytristezas,
que humanamente pide aquella mano que igualtiende,
no sólo al pordiosero sentado en las iglesias,
sino al mismo dolor de un Dios abandonado,
de un pecho que suplica en el silencio con queespera.
No estamos para odiar, no estamos para el odio,
bastantes son los muertos que dan taltestimonio,
vinimos a cantar, a labrar cielos y mares,
a llenar la bella tierra de flores y de frutos,
las hembras con amor prolongan las semillas,
los hombres merecemos el deber de defenderlas,
hallemos pues la paz, echando al mar tantasdoctrinas,
erratas, laberintos, astrolabios, manecillas,
perdamos el dolor de no haber sido lo queansiamos
y echemos a perder la maquinaria del que merca
03 07 11
Arriba el batallón de los perdidos,
de los que no compran en aguas del sistema,
de los que no saben del provecho de la usura,
de los que no nadan tras el lucro ni susfauces.
Felices los que se aman en sábanas sin marca,
en casas sin servicio, en autos averiados,
los que sonríen compartiendo una manzana,
sin ver edenes ni serpientes en su abrazo.
Sólo un camino ven, en que cabemos todos,
por eso se sonríen, porque no se sientensolos.
Amo las calles condecoradas con guirnaldas,
con rústicas silvestres flores en las grietas,
con el musgo en los muros que así guardan suhistoria,
con niños sobre todo, creciendo mientrasjuegan
no a la guerra, no a las armas, simplemente aser cual niños,
abejas, mariposas, estrellas de la buena tarde.
Arriba pues la gente que no esconde suconciencia,
que no usa blanqueador para sus faltas ytristezas,
que humanamente pide aquella mano que igualtiende,
no sólo al pordiosero sentado en las iglesias,
sino al mismo dolor de un Dios abandonado,
de un pecho que suplica en el silencio con queespera.
No estamos para odiar, no estamos para el odio,
bastantes son los muertos que dan taltestimonio,
vinimos a cantar, a labrar cielos y mares,
a llenar la bella tierra de flores y de frutos,
las hembras con amor prolongan las semillas,
los hombres merecemos el deber de defenderlas,
hallemos pues la paz, echando al mar tantasdoctrinas,
erratas, laberintos, astrolabios, manecillas,
perdamos el dolor de no haber sido lo queansiamos
y echemos a perder la maquinaria del que merca
03 07 11