Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Un viento vagabundo,
anunciado la luz solitaria
que asoma iluminando tu cabeza,
retozando en los murmullos
que cobijan el alma que se guarda,
que se mira a sí misma en el espejo,
pero nunca en la ventana.
Sosiego etéreo,
acurrucando los deseos
que se marchitan con el aire seco
y el toque suave del refreno;
soledad consorte que toca las manos,
consolando el pensamiento que vive su exilio,
celebrando tu cuerpo que se viste de virgen,
esperando los tiempos en que no lo necesites.
Decoro,
dulce guardián de alabardas,
ciñes tu abrazo en su pecho,
la sofocas,
mastín cebado protegiendo su hueso.
Decoro,
seto de espinas tendido en tu lecho
que mis besos valientes,
consumen viciados
del sabor de tus sueños.
Por eso sigue el viento extasiado,
heraldo virtuoso que anuncia,
el verso que muere de pobre,
porque tus labios son míos
aunque ungidos con decoro.
anunciado la luz solitaria
que asoma iluminando tu cabeza,
retozando en los murmullos
que cobijan el alma que se guarda,
que se mira a sí misma en el espejo,
pero nunca en la ventana.
Sosiego etéreo,
acurrucando los deseos
que se marchitan con el aire seco
y el toque suave del refreno;
soledad consorte que toca las manos,
consolando el pensamiento que vive su exilio,
celebrando tu cuerpo que se viste de virgen,
esperando los tiempos en que no lo necesites.
Decoro,
dulce guardián de alabardas,
ciñes tu abrazo en su pecho,
la sofocas,
mastín cebado protegiendo su hueso.
Decoro,
seto de espinas tendido en tu lecho
que mis besos valientes,
consumen viciados
del sabor de tus sueños.
Por eso sigue el viento extasiado,
heraldo virtuoso que anuncia,
el verso que muere de pobre,
porque tus labios son míos
aunque ungidos con decoro.