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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Dedicado a Amadís (que tiene razón)

VicenteMoret

Moder. Biblioteca P. Clásica.Cronista del Tamboura
Miembro del equipo
Moderadores
Entramos al mesón y nos sentamos.
Una lareira con pote,
flanqueada por dos recios escaños de madera de castaño,
daba la bienvenida al visitante.
El pote escupía un vapor denso de berzas que inundaba toda la estancia.
Vapor ácido, caliente, sabroso.
Al fondo, sentada en banco de lareira,
la señora Antonia se hurgaba las cuencas,
y trataba de quitarse de sus ojos ciegos legañas imaginarias.
Espeso el humo del roble que ardía,
se impregnaban de madera nuestras ropas,
mojadas del sudoroso caminar.
El can Lucas, que así le llamaba el ama,
roía sobre sus patas un hueso blanco de caña de ternera.
Le hacía el amor al poco tuétano que del hueso derramaba.
Mientras, sus ojos de miel, y sus cejas arqueadas, miraban al ama,
con los bigotes hundidos en la caña, y la cara ladeada.
El otro can, un botarate de pelo cano con una mancha parda en la espalda,
miraba de reojo a su hermano, y con envidia a la caña.
La anciana señora Antonia, que ahora palpaba,
desgranaba maíz sobre su saya negra de gallega viuda.
Mientras, la niña Aurora puso platos de loza sobre un mantel de hule
y nos sentamos a cenar.
Fuera llovía copiosamente y, de vez en cuando,
se oían los plañideros mugidos de una vaca en el establo.
Son vivencias de una etapa en El Camino de Santiago.

Chu
 
Entramos al mesón y nos sentamos.
Una lareira con pote,
flanqueada por dos recios escaños de madera de castaño,
daba la bienvenida al visitante.
El pote escupía un vapor denso de berzas que inundaba toda la estancia.
Vapor ácido, caliente, sabroso.
Al fondo, sentada en banco de lareira,
la señora Antonia se hurgaba las cuencas,
y trataba de quitarse de sus ojos ciegos legañas imaginarias.
Espeso el humo del roble que ardía,
se impregnaban de madera nuestras ropas,
mojadas del sudoroso caminar.
El can Lucas, que así le llamaba el ama,
roía sobre sus patas un hueso blanco de caña de ternera.
Le hacía el amor al poco tuétano que del hueso derramaba.
Mientras, sus ojos de miel, y sus cejas arqueadas, miraban al ama,
con los bigotes hundidos en la caña, y la cara ladeada.
El otro can, un botarate de pelo cano con una mancha parda en la espalda,
miraba de reojo a su hermano, y con envidia a la caña.
La anciana señora Antonia, que ahora palpaba,
desgranaba maíz sobre su saya negra de gallega viuda.
Mientras, la niña Aurora puso platos de loza sobre un mantel de hule
y nos sentamos a cenar.
Fuera llovía copiosamente y, de vez en cuando,
se oían los plañideros mugidos de una vaca en el establo.
Son vivencias de una etapa en El Camino de Santiago.

Chu
Muchas gracias por dedicarme tu poema que me ha encantado además de traerme recuerdos de cuando hice, años hace, el maravilloso Camino de Santiago. Un abrazo muy cordial.
Miguel
 

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