Mis labios esgrimen sonrisa
recondando tu imagen,
tu risa.
Ojos negros que devoran
este mundo,
ansiando aprender
sin perder el rumbo.
Con 14 años llegastes
a un aula de música
sin arte,
dudando
de tomar parte.
Eras tu,
manos torpes,
cabeza ladeada,
voz entrecortada
que un pie arrastrabas.
Observabas callado,
el sonido del piano
dibujando en tus pupilas
el querer y no poder.
Recuerdo el primer toque,
el control de tus dedos,
el himno de la alegría
se oía,
los sonidos hablaban,
y compañeros aplaudían.
Pasados dos años,
pupitres compartías
con futuros administrativos
y casi nunca te corregían.
Ordenadores manejabas,
trabajo conseguías,
y con veinte años,
tu presencia volvía.
Estudias Bachiller,
y en los recreos ,
a veces,
me miras,
y en el cruce de miradas,
sonrio,
porque haces arte
la vida.