Lírico.
Exp..
Dejadlo en paz
El amor, cuánto amor manoseado
igual que una moneda en mercadillo
pasada por mil manos que, tacañas,
han llenado de roña sus contornos.
El amor como alguna bagatela
inflada por poetas, por anuncios;
vendida con perfumes, lencerías,
películas horteras y canciones.
El amor en la tarta y la cartera,
en el diamante caro, en esas lunas
de miel para pimpollos, en la noche
cuando se besan tiernos tortolitos.
Ese amor como algo necesario,
como una ley eterna que nos rige,
como si del amor todas las cosas
debieran depender en este mundo.
Empalagosa estafa, absurdo intento
de rebozar con filfa el sacrificio
que nos exige siempre el verdadero
amor tan silencioso y entregado.
Dejad ya de ensuciarlo con las manos;
dejad ya de vendernos un producto;
dejad de sepultarlo entre lacitos;
dejad de hablar como si fuera vuestro.
No necesita amor tanta estridencia,
tan solo ver nacer a su progenie.
El amor, cuánto amor manoseado
igual que una moneda en mercadillo
pasada por mil manos que, tacañas,
han llenado de roña sus contornos.
El amor como alguna bagatela
inflada por poetas, por anuncios;
vendida con perfumes, lencerías,
películas horteras y canciones.
El amor en la tarta y la cartera,
en el diamante caro, en esas lunas
de miel para pimpollos, en la noche
cuando se besan tiernos tortolitos.
Ese amor como algo necesario,
como una ley eterna que nos rige,
como si del amor todas las cosas
debieran depender en este mundo.
Empalagosa estafa, absurdo intento
de rebozar con filfa el sacrificio
que nos exige siempre el verdadero
amor tan silencioso y entregado.
Dejad ya de ensuciarlo con las manos;
dejad ya de vendernos un producto;
dejad de sepultarlo entre lacitos;
dejad de hablar como si fuera vuestro.
No necesita amor tanta estridencia,
tan solo ver nacer a su progenie.