Aprendiz de Lunas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dejadme
Dejadme que ahonde entre las flores
del tántrico jardín de la mujer,
dejadme que me lleven sus olores
de tierra, de agua y fuego, aire también.
Dejadme abrir los pétalos al tiempo,
que marque la dulzura de su piel.
El piano tiene notas que desgarran
y notas que acarician a la vez.
Un manantial de sueños su cabello,
donde habitan las ninfas del querer.
También vive la estrella y el lucero,
la luna de los besos que soñé.
Los valles de su cuerpo son enigmas
y afluentes de los ríos del placer.
Un manantial de besos me ilumina
en el oscuro abismo de su ser.
Admiro de sus labios la hermosura,
dulzor de mi pasión, piel sobre miel,
los besos chorreados de lujuria,
locura derramada sin porqué.
Sus piernas son camino a lo infinito,
palacio de los sueños por tener
y encierran en un duro laberinto
la luz más pura de un amanecer.
Ricardo Martell
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