prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjame un abril en tu nombre.
Esas golondrinas de párpados
gritando en el nido
de alambre de mis venas
me desorbitan de recuerdos
y la muerte prendida
a las telarañas de los dedos,
pobre luciérnaga convertida en peonza efervescente
ahora gira
como si hubiera lugar en mi pecho
una extinción de dinosaurios
que podridos no lograsen aniquilar al perfume de tus besos.
Déjame un abril en tu nombre,
déjame un arco iris para llenar de colores
el tatuaje de tu ausencia, esa estación de dientes cavada en mi cuello,
otro zumbel de esperanzas
y abrazos que no se rompan por el peso de la niebla de no comprendernos.
Esas golondrinas de párpados
gritando en el nido
de alambre de mis venas
me desorbitan de recuerdos
y la muerte prendida
a las telarañas de los dedos,
pobre luciérnaga convertida en peonza efervescente
ahora gira
como si hubiera lugar en mi pecho
una extinción de dinosaurios
que podridos no lograsen aniquilar al perfume de tus besos.
Déjame un abril en tu nombre,
déjame un arco iris para llenar de colores
el tatuaje de tu ausencia, esa estación de dientes cavada en mi cuello,
otro zumbel de esperanzas
y abrazos que no se rompan por el peso de la niebla de no comprendernos.
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