Cris Cordova
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es triste tener que partir
y ver desde una ventana
como se aleja tu vida,
en la noche
contemplando las estrellas
hacia abajo
desde lo alto de un avión,
aquellas de las luces de la ciudad
que de a poco se desvanecen,
aquellas que son estrellas del adiós.
La cuenca del Gran Río
a la cuenca de unos ojos asemeja
haciendo surcos en el rostro,
al ver como se aleja
perdiéndose entre lágrimas .
Aquella ave de metal
transporta sueños
que en muchos casos
quedan en estado de coma,
y cuando despiertas
hablas otro idioma,
ves otra realidad
y de problema igual,
pués nada cambia.
¡Créanme!
Aunque vayas a otro meridiano
tus problemas son siempre
tu equipaje de mano,
que es mejor vivir
una dulce pobreza
que una amarga riqueza,
que la comida sabe mejor
cuando la comes en casa,
y lo principal es saber
que con rabia
hasta tu propio perro
te muerde la mano.
Es en ese momento que añoras
las constelaciones artificiales
que te vieron partir,
los carros que parecen
luciérnagas nocturnas
vistos desde lo alto,
tu casa de eterna primavera
donde el tiempo
camina como un anciano
y las sonrisas son de niño,
al final no se pierde nada
que no se haya sentido tuyo.
y ver desde una ventana
como se aleja tu vida,
en la noche
contemplando las estrellas
hacia abajo
desde lo alto de un avión,
aquellas de las luces de la ciudad
que de a poco se desvanecen,
aquellas que son estrellas del adiós.
La cuenca del Gran Río
a la cuenca de unos ojos asemeja
haciendo surcos en el rostro,
al ver como se aleja
perdiéndose entre lágrimas .
Aquella ave de metal
transporta sueños
que en muchos casos
quedan en estado de coma,
y cuando despiertas
hablas otro idioma,
ves otra realidad
y de problema igual,
pués nada cambia.
¡Créanme!
Aunque vayas a otro meridiano
tus problemas son siempre
tu equipaje de mano,
que es mejor vivir
una dulce pobreza
que una amarga riqueza,
que la comida sabe mejor
cuando la comes en casa,
y lo principal es saber
que con rabia
hasta tu propio perro
te muerde la mano.
Es en ese momento que añoras
las constelaciones artificiales
que te vieron partir,
los carros que parecen
luciérnagas nocturnas
vistos desde lo alto,
tu casa de eterna primavera
donde el tiempo
camina como un anciano
y las sonrisas son de niño,
al final no se pierde nada
que no se haya sentido tuyo.
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