Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Quité la tapa del frasco de vidrio
de café instantáneo y tus párpados negros
salieron volando con rumbo a la noche
después de que durante tantas otras noches
los observé aletear dentro el frasco
donde los atesoraba como la intermitencia de tus ojos,
pero sin tus ojos, porque tus ojos se fueron
mucho antes que tú, tú solo cerraste la puerta
y tus párpados quedaron flotando
en torno a un hueco profundo, pero luminiscente,
pero de luminiscencia heredada de tus ojos,
pero sin tus ojos,
y los guardé en un frasco vacío de café soluble
como dos mariposas en la llama un quinqué,
pero tanto me dijeron tienes que aprender a dejar ir
que se llegó el momento de liberarlos,
y contemplé a tus párpados salir del frasco vacío,
elevarse sobre el punto borroso de mi mirada,
ascender de mis pupilas entre un remolino
hacia estrellas invisibles
hasta que su danza se barrió de mis ojos,
disolviéndose en la madrugada...
pero ocurrió que el borde de una nube enorme
empezó a quemarse como un amasijo de papel
atizado por relámpagos
y en un instante el cielo todo ardía como un bosque
y pájaros incendiados se estrellaban contra los cristales
y los aviones caían en los jardines vecinos
y la ciudad se sacudía como si buscara un río, una fuente…
y yo cerré la ventana, corrí las cortinas,
me eché de bruces sobre el colchón desecho,
metí una mano bajo la cama,
toqué las líneas de la caja vacía de zapatos,
sentí en los dedos la vibración de tus latidos,
pensé tengo que dejar que te vayas,
pero ahora es tarde
pero no todavía,
y oculté mis ojos al resplandor del mundo en llamas,
y con tu corazón ascendiendo por mi pulso
de a poco me quedé dormido.
de café instantáneo y tus párpados negros
salieron volando con rumbo a la noche
después de que durante tantas otras noches
los observé aletear dentro el frasco
donde los atesoraba como la intermitencia de tus ojos,
pero sin tus ojos, porque tus ojos se fueron
mucho antes que tú, tú solo cerraste la puerta
y tus párpados quedaron flotando
en torno a un hueco profundo, pero luminiscente,
pero de luminiscencia heredada de tus ojos,
pero sin tus ojos,
y los guardé en un frasco vacío de café soluble
como dos mariposas en la llama un quinqué,
pero tanto me dijeron tienes que aprender a dejar ir
que se llegó el momento de liberarlos,
y contemplé a tus párpados salir del frasco vacío,
elevarse sobre el punto borroso de mi mirada,
ascender de mis pupilas entre un remolino
hacia estrellas invisibles
hasta que su danza se barrió de mis ojos,
disolviéndose en la madrugada...
pero ocurrió que el borde de una nube enorme
empezó a quemarse como un amasijo de papel
atizado por relámpagos
y en un instante el cielo todo ardía como un bosque
y pájaros incendiados se estrellaban contra los cristales
y los aviones caían en los jardines vecinos
y la ciudad se sacudía como si buscara un río, una fuente…
y yo cerré la ventana, corrí las cortinas,
me eché de bruces sobre el colchón desecho,
metí una mano bajo la cama,
toqué las líneas de la caja vacía de zapatos,
sentí en los dedos la vibración de tus latidos,
pensé tengo que dejar que te vayas,
pero ahora es tarde
pero no todavía,
y oculté mis ojos al resplandor del mundo en llamas,
y con tu corazón ascendiendo por mi pulso
de a poco me quedé dormido.
18 de agosto de 2024
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