Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Del amor
A veces se enredan en los hilos del mundo;
a veces, los recuerdos de manos infantiles
guardan historias como ningún libro viejo;
a veces, el tiempo enciende, incendia los recuerdos.
Cuando nada recorta las ingenuas miradas
ni se mueren confusos los sueños,
entonces vienen los siglos de espera...
Riendo, felices, sin miedos...
¡Qué pocos fueron los cientos de años sin ti!
¡Cuántas cosas siguieron naciendo!
A veces tu piel se me acerca;
a veces, hasta podría ver tu mirada de niña
enamorada de unos ojos sin dueño.
Quizás al terminar, empezó la historia;
amor recién forjado de una vida en nacimiento
que no sabe de horas ni de olvidos,
amor que no entiende de tiempos;
ni de silencios ni besos perdidos.
¡Qué poco sabe Cronos de amores puros!
¡Cuantos tic tac, secando lo ya sediento!
Y ahí estabas, escondida tras una nota,
esperando que mis dedos tocaran tu piel
como piano de amor en el pasar de los tiempos.
Escondida tras una tecla, en un beso de niña,
oculta en una sonrisa de mujer de viento.
¡Ay tiempo, perdiste la batalla y la guerra!
Mi inocencia, mil veces maldecida y perdida,
volvió con arrugas, pero recién parida...
Volvió a beber de la maestra del sueño.
¡Qué poco sabe de recuerdos la vida
y que dura la piel de los amores ciertos!
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