NIÑA DE TIERRA
Poeta fiel al portal
El extraño de capa negra proyecta su sombra frente a mí
levanta su escuálido brazo y señala el camino
sos ojos me miran a través de sus blancos y largos cabellos,
y comienza a caminar entre los árboles
siempre volviendo la vista hacia atrás hacia mí
(quiere que lo siga).
No habla,
no canta,
no sonríe
y el sendero que recorre se vuelve desierto
Los pájaros escapan volando
las ardillas tiran su colecta de nueces y huyen también
y hasta los árboles se inclinan apartándose
Sus pasos no dejan huellas
son las mías las que hunden la tierra.
Pasaron muchos días y seguimos caminando
ya no hay nada en éste bosque de árboles muertos
de ríos secos
de vientos quietos
Y el extraño en su sotana camina y me arrastra
sin cadenas, sin armas, sin amenazas
sólo con su mirada firme y fija
cada tanto en el camino, cada tanto entre mis ojos.
Hasta que un nuevo color se dejó ver en medio del sendero
un color que lo hizo detenerse súbitamente
(un color que no le gustó)
(un color que lo asustó)
Sobre la tierra reseca asomaba una flor
pequeña, roja, viva
y yo la tomé entre mis manos la arranqué sin pensarlo
(ella quería que la tomara)
y apretada entre mis puños, la flor empezó a palpitar
y por mis dedos y brazos, cálida sangre comenzó a resbalar
(una flor que late una flor que sangra)
Ya tenía un nuevo corazón
uno de verdad
uno para vivir entre las sombras
Entonces me di la vuelta
y retomé mi camino de regreso
entre árboles que me tocaban con sus hojas,
ríos inquietos que jugaban con el viento,
y ardillas que juntaban sus nueces
bailando contentas al son del canto de los pájaros.
levanta su escuálido brazo y señala el camino
sos ojos me miran a través de sus blancos y largos cabellos,
y comienza a caminar entre los árboles
siempre volviendo la vista hacia atrás hacia mí
(quiere que lo siga).
No habla,
no canta,
no sonríe
y el sendero que recorre se vuelve desierto
Los pájaros escapan volando
las ardillas tiran su colecta de nueces y huyen también
y hasta los árboles se inclinan apartándose
Sus pasos no dejan huellas
son las mías las que hunden la tierra.
Pasaron muchos días y seguimos caminando
ya no hay nada en éste bosque de árboles muertos
de ríos secos
de vientos quietos
Y el extraño en su sotana camina y me arrastra
sin cadenas, sin armas, sin amenazas
sólo con su mirada firme y fija
cada tanto en el camino, cada tanto entre mis ojos.
Hasta que un nuevo color se dejó ver en medio del sendero
un color que lo hizo detenerse súbitamente
(un color que no le gustó)
(un color que lo asustó)
Sobre la tierra reseca asomaba una flor
pequeña, roja, viva
y yo la tomé entre mis manos la arranqué sin pensarlo
(ella quería que la tomara)
y apretada entre mis puños, la flor empezó a palpitar
y por mis dedos y brazos, cálida sangre comenzó a resbalar
(una flor que late una flor que sangra)
Ya tenía un nuevo corazón
uno de verdad
uno para vivir entre las sombras
Entonces me di la vuelta
y retomé mi camino de regreso
entre árboles que me tocaban con sus hojas,
ríos inquietos que jugaban con el viento,
y ardillas que juntaban sus nueces
bailando contentas al son del canto de los pájaros.