Argoticos
Poeta recién llegado
Estoy en un vaivén desesperado
anclado en el frenesí
que lo romántico
de tu mirada
no tiene cabida.
Pasa, todo pasa
pero estoy desesperado
ya no llena, voy a vomitar
ya vengo
y volveré a la carga
ya que estoy destrozado
y no puedo más.
Entregaré mi cuerpo
a la desintegración última
del tránsito definitivo.
Repugna, tantas cosas repugnan
que la razón no da crédito,
son ellos mismos en las suyas.
Construcción para la represión.
De enmarañadas maneras
de hacer para juego.
Así que sí, estoy desconsolado
de las mentiras de almas
al efecto que nunca sabremos
con el interés de saber
la negativa al misterio.
Se estabiliza y toma contacto
con la pista y la torre
para conseguir un feliz aterrizaje
sobre suelo firme.
Cuantos suelos hemos de pisar,
más la huella nos delata
y es dato jugoso
para el enemigo invisible,
lo peor debe ser no verlo
en la guerra de contacto.
La náusea a calmado
esa amarga cima
que el organismo nos lleva
al punto de lo abyecto.
Estoy en el margen
y padezco las faltas,
el tiempo perdido
y lo ganado durante en vida.
El shock de adaptarse
para no desaparecer
cuando la situación
llegue a ser crítica
y seamos nosotros
los testigos de la debacle.
Se ve que está mal
sentirse mal
ya que apremia
la sonrisa
la diligencia
que la izquierda
lucha a su torpe manera
de no salir por las calles
de no verlos por ahí
creando lo que no hay
haciendo lo que nadie se atreve.
Pero no, nadie lo puede explicar.
anclado en el frenesí
que lo romántico
de tu mirada
no tiene cabida.
Pasa, todo pasa
pero estoy desesperado
ya no llena, voy a vomitar
ya vengo
y volveré a la carga
ya que estoy destrozado
y no puedo más.
Entregaré mi cuerpo
a la desintegración última
del tránsito definitivo.
Repugna, tantas cosas repugnan
que la razón no da crédito,
son ellos mismos en las suyas.
Construcción para la represión.
De enmarañadas maneras
de hacer para juego.
Así que sí, estoy desconsolado
de las mentiras de almas
al efecto que nunca sabremos
con el interés de saber
la negativa al misterio.
Se estabiliza y toma contacto
con la pista y la torre
para conseguir un feliz aterrizaje
sobre suelo firme.
Cuantos suelos hemos de pisar,
más la huella nos delata
y es dato jugoso
para el enemigo invisible,
lo peor debe ser no verlo
en la guerra de contacto.
La náusea a calmado
esa amarga cima
que el organismo nos lleva
al punto de lo abyecto.
Estoy en el margen
y padezco las faltas,
el tiempo perdido
y lo ganado durante en vida.
El shock de adaptarse
para no desaparecer
cuando la situación
llegue a ser crítica
y seamos nosotros
los testigos de la debacle.
Se ve que está mal
sentirse mal
ya que apremia
la sonrisa
la diligencia
que la izquierda
lucha a su torpe manera
de no salir por las calles
de no verlos por ahí
creando lo que no hay
haciendo lo que nadie se atreve.
Pero no, nadie lo puede explicar.
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