Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Del pan que Tú me das tomo la Vida,
la fuerza colosal, inquebrantable;
el cielo que se muestra inescrutable
se acerca dando cielo en acogida.
Al fuego de tu albor no existe herida
que no pueda sanar. Es improbable
que el sol de tu mandato insuperable
no pueda restañar su sacudida.
Me nutro del fulgor que luce cierto
allí donde comienza tu esperanza,
allí donde se ultima el desconcierto
Tu mano me equilibra la balanza
y el agua de tu sed mata el desierto
que a veces con furor se me abalanza.
la fuerza colosal, inquebrantable;
el cielo que se muestra inescrutable
se acerca dando cielo en acogida.
Al fuego de tu albor no existe herida
que no pueda sanar. Es improbable
que el sol de tu mandato insuperable
no pueda restañar su sacudida.
Me nutro del fulgor que luce cierto
allí donde comienza tu esperanza,
allí donde se ultima el desconcierto
Tu mano me equilibra la balanza
y el agua de tu sed mata el desierto
que a veces con furor se me abalanza.