julietagris
Poeta recién llegado
Aquella mujer se proclamo su dama y él que ya escondía los secretos, que ya cargaba consigo las mentiras del mundo y los engaños del tiempo, dejo que ella soñara, ¿Cómo arrebatarle a un ser tan necesitado por saberse amando, tan momentánea felicidad?, las consideraciones, las conmiseraciones tienen su precio, por que la ilusión es un monstruo grande que se alimenta de desengaños, de nostalgias gordas, de la fe , todo por que no conoce otro destino que engrandecer tan insatisfechas almas por segundos, para luego dejarlas ser un torrente sobre la ciudad que se pierde, que se va.
Enamorarse de las mentiras de aquel hombre era conocer la santidad que habita en cada quimera. Eran pequeñas, diminutas dosis de esperanza para la desesperada realidad de sus existencias. El prefería amar a putas, lejanas del alma, cercanas a su sexo. Ella, ella tan solo se enredaba en sus propias carencias, se enamoro de la necesidad de el, se enamoro de la necesidad por encontrarse en algún lugar, en algún tiempo, de encontrarse en alguien. El romanticismo infantil ese de promesas y de juramentos, se convierte en el agua que alimenta los días de las rosas, para luego deshojarlas gota a gota.
Bastaban los dedos de una mano para contar sus encuentros, sobraban la infinitud de los números para devolverles el tiempo que se entregaron en el pensamiento, en la necedad, en la persistente necesidad por sufrir, de obligarse a padecer lo simple y lo evidente. Esa mártir y ese héroe sin suerte que se obstinan por luchar, por respirar en el agua, por sufrir como perros en la casa de un ermitaño. De repente hablar de las cosas, las personas, los sucesos que enmarcaban su masoquismo se convirtió en una recurrente visita, una oportunidad para sentarse a beber con la espantosa figura de la desilusión. Ya estaban casi todas las salas de su museo de ilusiones muertas en bella exposición, austero de recuerdos para hacerse más cabron o para salvarse. ¿Y todo para que? Para salir a reventarse las visceras, para volverse más cínicos, como si el amor ni les doliera, ni les iluminara. No se puede elegir con quien sufrir, pero si como sufrir.
Tengo momentos en los que soy una parte de mi, Julieta y gris, por que no me interesa ver el mundo de matices inamovibles, por que prefiero ser ciclo lunar y no estrella. Y amar a veces, y sentir que me importa a veces- creer en algo o en alguien. El será Ernesto de tiempo de avanzada, camicace contemporáneo que se rompe las alas por nada, para nada, fuimos lo que fuimos y que importa. Hay que ser algo en algún tiempo para poder ocupar un lugar en algún espacio, aunque sea por un instante.
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