Ríe el río travieso;
y su andar me tropieza;
una mujer… completa, tan frágil,
de ojos cual luna llena,
me extiende sus manos,
a mojarme en ella.
Su desnudez…
resplandor que emerge.
Su cabello fino,
zambullido es vida;
en lo cristalino.
En el terco río,
y su sensual corriente.
Me sumo a las hondas,
que su ser entiende;
nado hasta su boca,
bebo de su fuente.
Jugueteamos en los pechos de la roca;
las caídas de su amor tan mío;
despertamos a la tarde seca;
aceleramos de su beber, la fuerza.
Y los salpicados suaves,
de su erótico latido.
Nuestros cuerpos juntos
aquietan la intranquila espuma;
inmaculadas ramas,
danzan; zambullen las horas.
Mientras yo empapado,
me escurro lleno;
lleno de río,
y de tu ternura.
Allí en tu cuerpo,
y en tu cintura.
y su andar me tropieza;
una mujer… completa, tan frágil,
de ojos cual luna llena,
me extiende sus manos,
a mojarme en ella.
Su desnudez…
resplandor que emerge.
Su cabello fino,
zambullido es vida;
en lo cristalino.
En el terco río,
y su sensual corriente.
Me sumo a las hondas,
que su ser entiende;
nado hasta su boca,
bebo de su fuente.
Jugueteamos en los pechos de la roca;
las caídas de su amor tan mío;
despertamos a la tarde seca;
aceleramos de su beber, la fuerza.
Y los salpicados suaves,
de su erótico latido.
Nuestros cuerpos juntos
aquietan la intranquila espuma;
inmaculadas ramas,
danzan; zambullen las horas.
Mientras yo empapado,
me escurro lleno;
lleno de río,
y de tu ternura.
Allí en tu cuerpo,
y en tu cintura.