charlie ía
tru váyolens
cubierta por la maleza
la vieja estación,
solo una simulación de clavos sarrosos
y tablas carcomidas
por el ocio y el comején que se añejan,
tomando diferentes formas geométricas
según sea el ojo que las mire.
tetraedros como palabras de amor desperdigándose
sobre la tierra
durante una inundación tropical exprés.
uno la mira a lo lejos
entrelazando
sus manos con las espinas,
que asoman entre la herrumbre estrepitosa
dejando expuesto el esqueleto metálico
a los gritos despavoridos.
deja que la sangre brote de los caprichos
de las puertas que no abren
tras romper la cerradura
con el desarmador.
los vecinos
se ríen estrepitosamente a carcajadas,
agachándose para no ser vistos
entre las rejas:
se repiten a sí mismos
una vez tras otra
como quienes aman en la orilla
de los ríos desbordados.
al amanecer
de los pequeños negocios
que se apresuraron a colocar en los zajuanes,
queda solo el recuerdo
del barro
desgranando sus perspectivas
de éxito económico y sexual.
del momento en el que el barro
se trague viva
la apertura de los labios
no se darán cuenta.
hasta donde sea que sea el objetivo
todo lo que asoma al ojo
es una palabra desvanecida
reapareciendo
una vez tras otra
detrás del horizonte.
sea su nombre la risa de las muchachas
a la sombra de los cerros.
un tren vacío dejando solo tablas carcomidas
una vez puesto en marcha
hacia la última parada
de las masayalands.
la vieja estación,
solo una simulación de clavos sarrosos
y tablas carcomidas
por el ocio y el comején que se añejan,
tomando diferentes formas geométricas
según sea el ojo que las mire.
tetraedros como palabras de amor desperdigándose
sobre la tierra
durante una inundación tropical exprés.
uno la mira a lo lejos
entrelazando
sus manos con las espinas,
que asoman entre la herrumbre estrepitosa
dejando expuesto el esqueleto metálico
a los gritos despavoridos.
deja que la sangre brote de los caprichos
de las puertas que no abren
tras romper la cerradura
con el desarmador.
los vecinos
se ríen estrepitosamente a carcajadas,
agachándose para no ser vistos
entre las rejas:
se repiten a sí mismos
una vez tras otra
como quienes aman en la orilla
de los ríos desbordados.
al amanecer
de los pequeños negocios
que se apresuraron a colocar en los zajuanes,
queda solo el recuerdo
del barro
desgranando sus perspectivas
de éxito económico y sexual.
del momento en el que el barro
se trague viva
la apertura de los labios
no se darán cuenta.
hasta donde sea que sea el objetivo
todo lo que asoma al ojo
es una palabra desvanecida
reapareciendo
una vez tras otra
detrás del horizonte.
sea su nombre la risa de las muchachas
a la sombra de los cerros.
un tren vacío dejando solo tablas carcomidas
una vez puesto en marcha
hacia la última parada
de las masayalands.