Del verso plomo al bronce y oro gitano

Évano

Libre, sin dioses.
Érase un hombre iluminado de mando.
Desde la solombra, llamábase Cómo,
llamábase Sabio, llamábase Cuándo.
Érase antaño de cadenas de plomo.

Érase un hombre con letra de consuegro,
un badajo tañendo un bronce tan jeta
como el grito de un editor al Poeta.
Érase antes del Guernica blanquinegro.

Érase un hombre cerrado en armario,
un eslabón encadenado a peñascos,
la forja de la forja del amo ario,
un trote veloz de caballos y trompetas
rabiando y hollando, con bocas y cascos,
el claro de luna do sueñan Poetas.

Érase un hombre entendiendo
lo que una máquina entiende.
Érase un hombre escribiendo
letras sin bosque ni duende.

Hasta que una Pupila Azul en la mía
vio el Bronce de los Gitanos
rondando mis Campos de Castilla.
Tenían Labios como Espadas,
versaban con Pasión la Tierra
para que los pobres fueran algo más
que una Nana de Cebolla herida.

Hasta que esos versos dijeron:
"Cuéntame un cuento donde una máquina
no prolongue a tus dedos; deja
que la tortuga se entretenga
y disfrute sin tu moraleja;
donde el conejo toque la cinta de meta
y vuelva con risas a jugar en la yerba."

Ahora, aunque digan, sigo
la estela de aquel que avanza
con los otros y conmigo;
con aquel que no es venganza
ni llama al otro pereza
por su distinta cabeza.
 

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