DELIRIO FINAL
Extraña los momentos amargos de su vida,
consciente de que pronto la muerte está servida.
-¿No ves aquella alondra que vuela sin cesar?
Un ángel que templara su lira con sus alas
haría con las notas dulcísimas escalas,
hipnóticas de almíbar y de oro de ultramar.
-¡Negra sombra de muerte! ¡Grácil ave que vuelas!
Dos caras enfrentadas de dos almas gemelas
que Jano contrapone-. La fatua alegoría
diverge en las conciencias de amor concomitante
y cierra la esperanza (¡destino exasperante!)
al cándido futuro que mucho aborrecía.
Hay llagas en sus penas de tibias sensaciones
con vetas de amatista, rubís e incrustaciones
de perlas irisadas, coral y turmalina,
que inundan de colores un cielo que solloza
por suerte desdichada, que nunca se alboroza,
que todo lo que empieza ya nunca lo termina.
Con estas reflexiones se pierden los poetas,
los místicos se arroban, ayunan los ascetas...
Ninguno se cuestiona: -¿Por qué se me tortura
con cruel filosofía que mueve mil montañas
dejando los pantanos cubiertos de espadañas...?-
Y nunca se percatan (¡Es falta de cordura!).
Un rayo de aventura mostrándose insolente
incide en el arroyo (de espumas la corriente)
y lame los guijarros apáticos de risa.
¡Qué hermosa la respuesta del nuevo aventurero!
No importan ya los rumbos: -¿Qué importa el paradero
si siente que su sangre revive con la brisa?
Percibe su delirio de flores matizado.
¿Acaso la belleza por fin se ha declarado?.
Insulso su semblante, parece adormecido
por éter de un infierno sembrado de diablesas,
rameras, prostitutas, cenizas y pavesas,
que incitan al pecado con aire decidido.
La fiebre se apodera de un cuerpo intoxicado
por drogas de farmacia... (Lo suyo ha terminado).
Su tímida memoria diez lustros le resume:
felices, coloridos, amargos, truculentos...
-¿Por qué se está muriendo?- Su amor y sufrimientos
le dicen al oído: -¡Tu tiempo se consume!
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