tanito
Poeta fiel al portal
Los crujidos de los muros vocalizan amenazas,
sábanas de madera machacan huesos
ya sin caldo, ya sin médula.
Ejércitos de larvas penetran en tropel
en las abiertas vísceras,
vuelven a la Madre, a la placenta.
Han de cumplir entera su misión
antes de volver a la tierra.
Acechan rostros de niños monstruosos,
todos me están viendo, de todo se enteran;
Conspiran contra mí, revientan mi cabeza;
Derriten mi cerebro como si fuera de cera,
solo se resisten los callos de mis venas.
Se pierden en el olvido los sueños,
que hoy son pesadillas,
y las pesadillas, ciertas.
Comer, dormir, amar, cosas sencillas
que antes anhelaba con todas mis fuerzas,
ahora son divagues, estúpidas quimeras.
Bailan las lámparas, las paredes oyen,
sangran los retratos, y las sillas, y las mesas,
y grotescos monstruos habitan los rincones.
Todos me persiguen, me atormentan,
los razonamientos son ausencias.
Entre las baldosas brotan enemigos,
matar y morir son mis únicas querencias.
Vuelta a la anormal normalidad,
vuelta al dolor, al tormento, a mi esencia,
al peligro de un razonamiento cuerdo,
a recobrar en un instante las fuerzas
devorando con pasión amantes mudas
que consiguen tercamente con su beso
devolverme de nuevo a la locura.
sábanas de madera machacan huesos
ya sin caldo, ya sin médula.
Ejércitos de larvas penetran en tropel
en las abiertas vísceras,
vuelven a la Madre, a la placenta.
Han de cumplir entera su misión
antes de volver a la tierra.
Acechan rostros de niños monstruosos,
todos me están viendo, de todo se enteran;
Conspiran contra mí, revientan mi cabeza;
Derriten mi cerebro como si fuera de cera,
solo se resisten los callos de mis venas.
Se pierden en el olvido los sueños,
que hoy son pesadillas,
y las pesadillas, ciertas.
Comer, dormir, amar, cosas sencillas
que antes anhelaba con todas mis fuerzas,
ahora son divagues, estúpidas quimeras.
Bailan las lámparas, las paredes oyen,
sangran los retratos, y las sillas, y las mesas,
y grotescos monstruos habitan los rincones.
Todos me persiguen, me atormentan,
los razonamientos son ausencias.
Entre las baldosas brotan enemigos,
matar y morir son mis únicas querencias.
Vuelta a la anormal normalidad,
vuelta al dolor, al tormento, a mi esencia,
al peligro de un razonamiento cuerdo,
a recobrar en un instante las fuerzas
devorando con pasión amantes mudas
que consiguen tercamente con su beso
devolverme de nuevo a la locura.
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