A
Adelaida Rodríguez
Invitado
La niña de ojos azules y de raída pollera
mira correr al sol detrás de la cordillera.
Queriendo alcanzar su luz a la hora de la siesta
corretea cuesta arriba por el camino de piedras.
La niña de ojos azules y manos de ajadas cosechas,
subiendo por el sendero recoge una madreselva,
que para su madre sueña será como la primavera,
a quien un prepotente invierno la sumiera en la tristeza.
La niña de ojos azules se recuesta en la pradera,
ausente de la nevada que de frío encegueciera
la vida de aquel pastor que por salvar sus ovejas,
arriesgó su propia vida dejando dos vidas huérfanas.
La niña de ojos azules tan duros como la piedra
y enceguecida mirada con lágrimas de madera,
por su niñez estafada la vida se le riera,
desciende por el sendero a su madre que la espera.
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La imagen perfecta de un niño sin ilusiones de infancia, la dureza de sus ojos que reflejan el dolor de su corazón que ha sido privado de la ingenua alegría. Feliz de leer tus bellos versos, mi querido amigo. Recibe mi abrazo.