Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
En un instante cualquiera, sucede.
No sabes si tus ojos están abiertos
o cerrados, si apagaron el día
o encendieron la noche.
No hay atrás, no hay más adelante.
Como que te robaron el norte,
como que nunca hubo un rumbo.
Te evades de la cotidianeidad
y todo ese movimiento alrededor
parece absurdo, equivocado.
Te quedas quieto, o quieta, inmóvil
ahí donde te sorprendes sin acertijo.
Las cuarteaduras del pavimento
ascienden por tus tobillos,
las líneas del bordado de tu sábana
trepan por tus costados,
eres lo mal tendida que está la cama,
cualquiera te confunde con un asiento
desocupado en el vagón del metro.
La premonición de desaparecer
llena tu espacio de un flogisto atávico,
te reconoces en el vacío de antes,
pero la paz de no ser apenas dura.
Tus pulmones inundados se sacuden,
sientes el puñetazo de tu corazón,
alguien que pasa te saluda.
Al frente, la calle atestada no tiene fin;
ahí los semáforos, ahí las paredes.
La luz y las piedras no reconocerían
esta geometría salvaje de la ciudad.
Te pierdes en la multitud anónima,
en el río de gente de agua y sedimento
que rompe la tierra rumbo al mar.
Estés o ya no, eres parte del paisaje.
No hay borrón; tampoco cuenta nueva.
No sabes si tus ojos están abiertos
o cerrados, si apagaron el día
o encendieron la noche.
No hay atrás, no hay más adelante.
Como que te robaron el norte,
como que nunca hubo un rumbo.
Te evades de la cotidianeidad
y todo ese movimiento alrededor
parece absurdo, equivocado.
Te quedas quieto, o quieta, inmóvil
ahí donde te sorprendes sin acertijo.
Las cuarteaduras del pavimento
ascienden por tus tobillos,
las líneas del bordado de tu sábana
trepan por tus costados,
eres lo mal tendida que está la cama,
cualquiera te confunde con un asiento
desocupado en el vagón del metro.
La premonición de desaparecer
llena tu espacio de un flogisto atávico,
te reconoces en el vacío de antes,
pero la paz de no ser apenas dura.
Tus pulmones inundados se sacuden,
sientes el puñetazo de tu corazón,
alguien que pasa te saluda.
Al frente, la calle atestada no tiene fin;
ahí los semáforos, ahí las paredes.
La luz y las piedras no reconocerían
esta geometría salvaje de la ciudad.
Te pierdes en la multitud anónima,
en el río de gente de agua y sedimento
que rompe la tierra rumbo al mar.
Estés o ya no, eres parte del paisaje.
No hay borrón; tampoco cuenta nueva.
23 de septiembre de 2024