manuelo
Poeta fiel al portal
Es temprano, está lloviendo.
Me he sentado junto al fuego
y estoy pretendiendo hacer
lo mismo que hacía mi abuelo:
un desayuno estupendo
antes del amanecer.
Las rebanadas de pan
ya tuestan en un perol,
y en un jarrillo de lata,
que no le teme al calor,
puse un poquito de azucar
y coloqué un colador.
Al agua sólo le falta
que ebulla en la olla esmaltada,
para echarle café, malta,
o la mezcla preparada;
y en cuanto hierva de nuevo,
raudo, la aparto del fuego.
¡Qué delicia el café ardiente,
en su jarrillo de lata!
¡Y el pan tostado, crujiente,
con su poquito de aceite,
sus chicharrones valientes,
su manteca colorada...!
Me he sentado junto al fuego
y estoy pretendiendo hacer
lo mismo que hacía mi abuelo:
un desayuno estupendo
antes del amanecer.
Las rebanadas de pan
ya tuestan en un perol,
y en un jarrillo de lata,
que no le teme al calor,
puse un poquito de azucar
y coloqué un colador.
Al agua sólo le falta
que ebulla en la olla esmaltada,
para echarle café, malta,
o la mezcla preparada;
y en cuanto hierva de nuevo,
raudo, la aparto del fuego.
¡Qué delicia el café ardiente,
en su jarrillo de lata!
¡Y el pan tostado, crujiente,
con su poquito de aceite,
sus chicharrones valientes,
su manteca colorada...!
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