PAUL SOLER
Poeta recién llegado
DESAZÓN
Las últimas llamas del verano
son del pasado en esta playa
nebulosa de mi ser;
las últimas gotas del invierno en mis ojos
son del presente,
y abundan y congelan
las fuentes de mi corazón;
y aunque es tempranero este dolor,
yo ya estoy acostumbrado
a los cuchillos acerados
de la melancolía,
que dejan heridas infectas
de toxina letal.
Oh, Dios permisivo
del imperio del edén,
extiende tus manos
y despójame las pardas nubes
que enceguecen mis pupilas;
quítame la oscura cruz
que, en las cumbres silentes de mi alma,
han dejado los demonios
del engaño y la maldad.
Las últimas llamas del verano
son del pasado en esta playa
nebulosa de mi ser;
Y la canción de los pájaros
es un disco, roído y disonante,
que entorpece aún más la tarde
desde los desnudos robledales.
Las últimas llamas del verano
son del pasado en esta playa
nebulosa de mi ser;
las últimas gotas del invierno en mis ojos
son del presente,
y abundan y congelan
las fuentes de mi corazón;
y aunque es tempranero este dolor,
yo ya estoy acostumbrado
a los cuchillos acerados
de la melancolía,
que dejan heridas infectas
de toxina letal.
Oh, Dios permisivo
del imperio del edén,
extiende tus manos
y despójame las pardas nubes
que enceguecen mis pupilas;
quítame la oscura cruz
que, en las cumbres silentes de mi alma,
han dejado los demonios
del engaño y la maldad.
Las últimas llamas del verano
son del pasado en esta playa
nebulosa de mi ser;
Y la canción de los pájaros
es un disco, roído y disonante,
que entorpece aún más la tarde
desde los desnudos robledales.
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